El amor entre hermanos como marca del cristianismo

1 Juan 3:11–18

Amada hermana, que bueno reencontrarnos otra vez, gozosas de compartir y escudriñar juntas las sagradas escrituras. Hoy, en el día no. 9 de nuestro estudio de la primera epístola del libro de Juan, hablaremos sobre cómo el amor entre hermanos en Cristo puede marcar el cristianismo para gloria del nombre de Dios.

En el artículo anterior vimos como Juan en su primera carta termina el capítulo 3, en el v. 10 identificando de una manera clara a quienes son realmente hijos de Dios: aquellos que practican el amor y la justicia; y aquellos que no lo hacen, no lo son. Por lo cual, el amor y la justicia se manifiestan de la manera más perfecta en la naturaleza de Jesús. Él era justo y completamente amoroso.

Ahora, veamos juntas con más detalle cada versículo a partir del 11, donde este discípulo de Jesús (Juan) nos enseña sobre el amor a nuestros hermanos.

LA NECESIDAD DE AMARNOS UNOS A OTROS

“Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros…” v. 11

Juan, al recordar este mensaje, trajo memoria del mandato de Jesús explicado en Juan 13:34. Este mensaje de ser discípulos de Jesús, que hemos escuchado repetidas veces a lo largo de todos los evangelios, no ha cambiado, porque en esencia es parte fundamental del cristianismo. Cuando vemos estas repeticiones, es porque en verdad es valioso para Dios y El quiere que no lo olvidemos, que lo pongamos en práctica siempre. Pudiéramos creer que solo nuestra relación personal e íntima con el Señor es lo más importante, pero Dios también considera sumamente crucial para vivir la vida cristiana el cómo tratamos a los demás y cómo nos relacionamos los unos a los otros.

Para profundizar.

Lee Juan 13:14 y reflexiona en estas preguntas:

  1. ¿De qué maneras prácticas pongo en manifiesto el amor por mis hermanos?
  2. ¿Cómo puedo aplicar este mandamiento en mi vida todos los días (en la iglesia, trabajo, escuela, familia)?

LO CONTRARIO DEL AMOR, EL EJEMPLO DE CAIN

“… no como Caín que era del maligno, y mato a su hermano. ¿Y por qué causa lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas” v. 12

Juan nos recuerda el ejemplo de Caín, quien por sus acciones y actitud rebelde contra Dios, mostró que él estaba muy lejos de querer agradar al Señor. Caín odiaba a su hermano, y fue identificado por Juan como hijo del maligno, porque en este se veía reflejada la falta de amor. Así mismo, su desobediencia, que fue resultado de su falta de fe (Hebreos 11:4). Esta misma desobediencia y repudio de Caín hacia su hermano fueron alentados por su orgullo, que a su vez, lo hizo sentir miserable (Génesis 4:5), y eso es lo que provoca el pecado en nosotros. Ambos, Caín y Abel, fueron formados de la misma manera; eran hermanos de sangre, pero solo uno (Abel) se consagró de corazón ante Dios. Sin embargo, Caín decidió no hacerlo dejándose seducir por la maldad en su corazón.

Para profundizar.

Lee Génesis 3:6-13 y Génesis 4:1-9 y responde a estas preguntas:

  1. ¿Encuentras alguna similitud en la reacción que tuvo Caín cuando mató a su hermano Abel, con la reacción que tuvieron sus padres Adán y Eva cuando pecaron?
  2. ¿Por qué crees que se “escondieron” delante de la presencia de Dios?
  3. ¿Qué comportamientos podemos aplicar en nuestras vidas para vivir en justicia delante del Señor? Enumera al menos 5.

LA EVIDENCIA DEL NUEVO NACIMIENTO: EL AMOR

“Hermanos, no os maravilléis si el mundo os odia. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte. Todo el que aborrece a su hermano es homicida, y vosotros sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.” V. 13-15

Al principio de estos versos, Juan nos dice claramente que no nos sorprendamos, que no nos inquietemos, si el mundo (los que no viven una vida consagrada al Señor) nos rechaza o nos odia, porque (aquí entra la gracia de Dios) SABEMOS que por medio del conocimiento y fe en Jesucristo nuestro Salvador y Redentor, hemos pasado de la muerte (odio, amargura, celos, envidia, dolor…) a la VIDA (amor, perdón, gozo, paz…). Esto nos da a entender que el amor a nuestros hermanos es evidencia de que hicimos esa transición (de muerte a vida) y que debemos ser intencionales en mostrar ese amor, porque de esta manera testificamos de Cristo en nosotros. Esto también incluye si hemos sido maltratados, ofendidos u alejados por esos hermanos a quienes debemos amar. En este caso estamos hablando de amar a nuestros propios hermanos en la fe.

Dice Spurgeon:

“¿Los amas (a tus hermanos) por amor a Cristo? ¿Te dices a ti mismo: “Ese es el pueblo de Cristo; ese es el que lleva la cruz de Cristo; ese es uno de los hijos de Dios; por eso lo amo y me deleito en su compañía?” Entonces, eso es una evidencia de que no eres del mundo.”

“Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida.” V.15a. Parece increíble que el odio sea comparado con el homicidio, pero así lo describe Juan al confirmar que el hecho de odiar a nuestro hermano, es asesinarlo en nuestro corazón. El odio puede ser manifestado de forma pasiva: cuando ignoramos deliberadamente, cuando somos indiferente, cuando nada nos importa de esa persona de manera disimulada; y de forma activa, cuando le hacemos entender directa o indirectamente nuestro descontento o malestar al estar con esta persona, cuando hablamos mal, cuando criticamos o juzgamos a nuestros hermanos en la fe. Esto nos recuerda la enseñanza de Jesús sobre el odio que se encuentra en Mateo 5:21-22.

Para Juan, no mostrar amor por nuestros hermanos se resume a que no han nacido de nuevo. No podemos ser cristianas que decimos amar a Dios, pero que al mismo tiempo rechazamos y aborrecemos a nuestros hermanos.

Para profundizar.

Lee Mateo 5:21-22 y reflexiona en estas preguntas:

  1. ¿Has visto en un filme o en casos de la vida real a lo que se enfrenta una persona que ha cometido homicidio? ¿El dolor que causa y las consecuencias de sus actos?
  2. ¿Por qué Jesús compara un homicida con el “enojo” o con decirle a otra persona “idiota”?
  3. ¿Has sentido enojo hacia otra persona o has ofendido gravemente a alguien? ¿Qué puedes hacer para remediarlo?

LA VERDAD DEL AMOR Y SU MANIFESTACION

“En esto conocemos el amor: en que Él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por nuestros hermanos. Pero el que tiene bienes en este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿Cómo puede morar el amor de Dios en él? Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.” V. 16-18

El amor que conocemos es el que expresa Romanos 5:8: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros.” Juan nos dice que también nosotros debemos hacerlo como Jesús lo hizo (Juan 20:21), así de esa manera tan real y profunda que implica muy a menudo sacrificio, entregar nuestra vida en favor de los demás (Filipenses 2:3-4). Igualmente, el mandato nos invita a velar por sus necesidades; o sea que este amor sirve a los demás, provee, consuela en el dolor, alienta en tiempos de temor, y muy especialmente, ama a aquellos que son poco interesantes, exasperantes, o incluso poco atractivos. Y, para concluir el texto, Juan termina diciendo en el v. 18, no podemos amar solo de palabras, porque el amor implica acción, hecho; es tangible y es real.

Para personalizar.

Lee Filipenses 2:3-4 y 1 Corintios 13:1-8 y reflexiona en estas preguntas:

  1. ¿De qué maneras podríamos poner en práctica el tener una actitud humilde en mi relación con los demás?
  2. ¿Cuáles son las cualidades del verdadero amor descritas en 1 de Corintios 13?
  3. Utiliza una hoja en blanco para anotar todo lo que has aprendido hasta ahora en este estudio. Escribe tus comentarios o las citas favoritas que hayan tocado tu corazón. Anota tus versos favoritos, memorízalos. Escribe una oración. Personaliza todo lo que has aprendido esta semana de la manera que más te ayude a aplicarlo a tu vida diaria.

Es asombroso considerar todo el panorama de esta enseñanza y el impacto que debe tener en nuestras vidas como cristianas. Es nuestra oración que el Señor continúe revelándose al mismo tiempo que escudriñamos su Palabra con intención, fe, constancia, y en humildad para dejarnos corregir y ser transformadas por el poder de Su palabra.

¡Dios te bendiga!

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