Guardando sus mandamientos

 Y en esto sabemos que lo hemos llegado a conocer: si guardamos Sus mandamientos. Él que dice: «Yo lo he llegado a conocer», y no guarda Sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él.  Pero el que guarda Su palabra, en él verdaderamente se ha perfeccionado el amor de Dios. En esto sabemos que estamos en Él.  El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo. 1ra Juan 2:3-6.

¿Te ha pasado que guardas algo muy bien, o en un buen lugar para cuidarlo… pero luego no lo encuentras, o no recuerdas donde lo pusiste?

A muchas nos pasa, y aunque puede ser frustrante o hasta gracioso en cierto punto, nos enseña una manera de como algo que parece lo mejor en el momento, puede luego descuidarse al punto de tornarse en nuestra contra, si no prestamos atención. Que aquello valioso y preciado no acabe siendo olvidado, es una gran tarea en esta era de constantes distracciones, entretenimientos y atención dispersa.

La RAE define guardar como “Tener cuidado de algo, vigilarlo y defenderlo” y “Observar o cumplir aquello a lo que se está obligado”. Cuando la palabra nos exhorta a guardar sus mandamientos se refiere a esta observación y defensa (aún en contra de nuestro engañoso corazón y pensamiento caído) de todo el consejo de Dios para nuestras vidas. Vigilamos que aquellas enseñanzas que nos parecen más difíciles de aceptar, practicar y abrazar no sean relegadas para después; observamos que aquello que estudiamos en nuestro devocional y estudio de la palabra estén causando verdadera transformación y cambio en nosotras.

En mi país, muchas personas tienen la costumbre de colocar la Biblia abierta en el Salmo 91, 51 o 23 para protección o bendición de la casa. Oraciones hermosas y poderosas son recitadas sin ninguna conciencia o fe, dando lugar a un uso supersticioso y ficticio de aquello que es eficaz, protector y de bendición solo si se hace vida y parte de nuestro ser. Ellos guardan que esté presente en la casa, mas no en sus mentes y corazones. Así mismo la mera lectura superficial o conveniente de ciertas partes de la palabra no nos vuelve más piadosas, santas y/o virtuosas. Es necesario que ellas sean un tesoro precioso capaz de transformarnos, guiarnos y deleitarnos.

Cuando reconocemos que su palabra es una extensión del amor de Dios hacia nosotras, y que sus mandamientos son pensados para nuestra bendición, nuestro bien y protección, no nos queda más que dar gracias a Dios por ellos y por su perfecta voluntad para nosotros. Si sus mandamientos nos parecen difíciles o pesados es nuestro deber llevar en oración nuestro corazón en rendición, ya que su palabra afirma “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos”. 1 Juan 5:3

Custodiar, velar, atender, asegurar, conservar, así como atesorar, obedecer, respetar y seguir son algunos sinónimos de lo que “guardar” debe significar para nosotros. ¿Y cuál es la necesidad de atesorar y obedecer estos mandamientos, si no existe la posibilidad de que también puedan ser descuidados y abandonados? Persistentemente el enemigo de nuestras almas y de los propósitos de Dios para nuestras vidas, tratará de hacernos descuidar, abandonar, dejar para después, y hasta excusarnos para no obedecer sus preceptos. Tenemos muchos ejemplos bíblicos y actuales para darnos cuenta de que las maquinaciones y planes del enemigo son sutiles pero insistentes, son circunstanciales pero provocadores en nuestra vida diaria. Dardos como un “ya no tienes tiempo, te levantaste tarde”, “estas muy cansada, duerme sin orar que Dios te tiene que entender”, “Cuando tengas tiempo más adelante podrás servir como deseas”, “No estás mal, esa persona se merece que le respondieras así”, “Tierna y humilde, no se puede ser así en los tiempos que vivimos”, llegarán a nuestra mente de forma constante para hacernos descuidar nuestra conexión con Dios, que es algo que su palabra nos manda a cuidar, como fuente de nuestro crecimiento espiritual.

Seguir las pisadas de Jesús es guardar sus mandamientos, y esto implica amar a aquellos a quienes él ama, servir como él sirvió y de esta manera llevar su luz para que otros también sigan su ejemplo. El guardar sus mandamientos es una respuesta de agradecimiento de nuestra parte hacia su infinito amor y misericordia. Siempre recordemos que sus mandamientos son parte del amor protector de Dios y la puerta a grandes bendiciones.

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