Mi Manual de Vida

Todo es más fácil de aprender o utilizar cuando trae consigo un manual de instrucciones o series de pasos a seguir para su uso y práctica, y aunque la vida misma no trae un manual de instrucciones específicas, nuestro Dios y Padre sí nos ha entregado sus instrucciones, guía y principios en un “manual” completo y sagrado para nuestro beneficio y santidad; que nos ofrece todo lo que necesitamos para vivir una vida abundante, ser mujeres piadosas y cumplir nuestro rol de manera virtuosa (2Tim 3:16-17).  

El problema es que, en nuestra generación, los tantos otros manuales, voces y distracciones, nos alejan fácilmente de aquella voz dulce y tierna que nuestro Padre quiere que escuchemos.

Nuestro rol de mujeres piadosas y virtuosas, tal como nos enseña la palabra, se ve hoy más que nunca amenazado por un mundo que desea que te conformes a sus ideales y llamados. No es suficiente con ser empoderada, trabajadora y competitiva… también debes ser mejor que un hombre, demostrar que nadie te domina y que tus decisiones, tus deseos e intereses siempre serán para tu beneficio y primarán ante la voluntad de cualquiera, incluyendo la voluntad de Dios y Su Palabra. La ambición, poder e inmoralidad nos tientan con la misma voz seductora con que la serpiente habló a Eva. De una manera a veces sutil e inocente y otras veces de manera directa e imponente, se nos muestra la autonomía, el placer, los lujos, la codicia o la lujuria, como algo “bueno para comer, agradable a los ojos y codiciable para alcanzar…” (Gen 3:6a), entrando en contradicción directa con el anhelo y propósito de Dios para nuestras vidas.

Aquellas que hemos probado esa ambición y por un tiempo nos dejamos llevar por corrientes extremistas hacia la “reivindicación de la mujer”, al final despertamos dándonos cuenta de que el éxito, la ambición, logros y la libertad feminista no significan nada y no llenan nuestras vidas como la palabra y la voluntad de Dios sí lo hace.

Lo que Dios ha dicho de nosotras en Su Palabra y la identidad que nos ha dado como hijas amadas, siempre estará amenazada por aquel que vino a robar, matar y destruir (Juan 10:10); nuestro rol y propósito como mujeres será blanco constante del enemigo de nuestras almas. Tratará de tomarnos nuestro tiempo devocional para que atendamos cosas “más urgentes», el cual nunca devolverá; procurará que la palabra no nos parezca tan atractiva como los dispositivos electrónicos, las salidas con nuestras amigas o los bien merecidos “descansos y respiros para botar el estrés”. Nos hará creer que ser madres y esposas dedicadas o jóvenes bondadosas y afables ya no encajan en estos tiempos y que cosas más “importantes” nos esperan si simplemente nos enfocamos en nosotras mismas.

Ciertamente debemos llenarnos de la palabra para poder desechar, combatir argumentos, derribar fortalezas en nuestra mente, revisar aquellas mentiras que hemos creído e internalizado tan sutilmente que ni siquiera sabemos que están ahí, pero a las cuales la luz de La Palabra sí puede revelar y exponer, aún de los rincones más oscuros. Solo el estudio y la meditación diaria y constante de La Palabra puede transformarnos a la imagen de Cristo y sacar de nosotras la imagen que el mundo intenta formar cada día.

La corriente de este siglo siempre nos estará tratando de enseñar, rediseñar, deconstruir y adoctrinar… y vaya que son deliberados e intencionales. Conciben como hacernos dudar de la palabra, y de maneras ingeniosas y atractivas, siembran un mal intencionado “¿Con que Dios os dijo?” con cualquier fruto prohibido.

Tal y como en el principio el enemigo hizo uso de artimañas para perjudicar toda la humanidad por medio del potencial de la mujer, en estos tiempos se ha decidido instrumentalizar la mujer y su causa para negocios, beneficios y manipulación. Todo esto porque conoce el potencial e influencia que ejercemos en la familia y la sociedad. Somos llamadas a enseñar, a cuidar, a velar en oración, a proclamar el reino de Dios, a vivir nuestra identidad en Cristo, a bendecir y motivar, a llevar palabras de gracia, compasión y consuelo, a levantar a los caídos, vendar las heridas y sanar al enfermo, entra tantas otras maravillas, que no serán posibles si no creemos y vivimos su palabra.  

Dios nos ayude a ser las mujeres sabias y entendidas en los tiempos, que viven de acuerdo con su manual de vida y triunfan en Dios.

Por Evi Castillo

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