Cultivando Disciplina en el Estudio de la Palabra

El caminar del cristiano es un morir a uno mismo constantemente. Es mortificar los deseos de la carne y cada día decidir obedecer al Señor a pesar de nuestra naturaleza, que siempre nos inclina a pecar. Es una práctica y lucha constante en nuestras vidas, pero no imposible de lograr.  Lo mismo se lleva a cabo con la decisión de tener un tiempo devocional o estudio de la Palabra a diario. 

La mayoría de las veces estudiar la Palabra y pasar tiempo en oración, conociendo a nuestro Padre Celestial, no es lo que nuestra carne desea hacer en algún momento del día. Siempre hay algo que nos atrapa y llama más nuestra atención: las responsabilidades del hogar o del trabajo, los estudios o alguna fuente de entretenimiento; pero es algo que debemos hacer a un lado para poder crecer en el conocimiento y relación con nuestro Señor, y cuando decidimos obedecer, vez tras vez en contra de nuestro impulso pecaminoso y a favor de lo que es correcto, esta lucha va a ir disminuyendo más y más.

Si valoráramos la gran importancia que esto tiene para nuestras vidas y para nuestras almas, creo que no hubiera un día en el que no lo buscáramos desesperadamente. Charles Spurgeon lo dice de esta manera:

“Ustedes, cristianos, que piensan que pueden caminar en santidad sin guardar una perpetua comunión con Cristo, han cometido un grave error. Si quieren ser santos deben vivir cerca de Jesús. Las buenas obras brotan únicamente de allí.”

Siempre digo que cuando dejo de estudiar la Palabra por varios días, va saliendo en mí esa persona que no es nada agradable, que se irrita fácilmente, que responde con rudeza, que no tiene paciencia y a la cual se le va escapando el amor al prójimo poco a poco. Ahí es cuando despierto y me digo a mí misma: debo volver a escuchar a mi Señor, debo volver a buscar mi guía, la respuesta, el camino que debo seguir. Como la misma Palabra nos enseña:

«Lámpara es a mis pies tu Palabra,

y lumbrera a mi camino.» Salmo 119:105

Si me preguntas a mí, te diría que la clave para tener éxito en el hábito de lectura de la Palabra diariamente es el ser constante tengamos deseos de hacerlo o no. Es ser diligente en buscar ese momento donde no haya distracción y puedas concentrarte en la meditación de las Escrituras. No te atormentes queriendo usar una hora específica en el día, el momento perfecto será ese en el que puedas dedicarle toda tu atención.  Diría que no necesariamente debes emplear una cantidad de tiempo específico todos los días, pero si reflexionar sobre lo que has leído y orar al respecto.  El tiempo puede ser poco al inicio, pero te aseguro que habrá días en los que este tiempo aumentara sin siquiera notarlo; el Señor nos va dando cada vez más amor por su Palabra y estudiarla será un deleite por lo que cada vez querrás permanecer más y más en Su presencia.

Esto no significa que nunca vendrán tiempos de enfriamiento, es muy probable que sí, pues es una lucha espiritual. También habrá etapas en la vida donde se volverá más difícil, por la crianza de los hijos, responsabilidades laborales, períodos de estudios prolongados y fuertes, etc., pero la constancia es clave. Recordemos que en Su Palabra encontramos la promesa:  «No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.» Galatas 6:9 y esto hermanas, lo tengo comprobado.

Una vez más hago hincapié en la importancia de desarrollar este hábito. Como cristianas no podemos llevar a cabo nuestro llamado sin desarrollar esta disciplina.  Nuevamente cito a Spurgeon:

“Aquel que vive de pequeñas oraciones, aquel que pocas veces mira la Palabra, aquel que pocas veces mira hacia el cielo buscando una fresca influencia de arriba, ese será un hombre cuyo corazón se enfriará y se secará.”

El momento en el que estudiamos la Palabra y estamos en oración, es el momento en el que somos alimentadas y fortalecidas para poder hacer nuestra tarea como siervas del Señor. Pongamos como prioridad buscar la guía del Señor cada día en Su Palabra y observemos como Él hace maravillas en nosotras y a través de nosotras.

«Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.» Salmo 1:1-3.

Por Ardys Fernandez.

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