Renovando tu vida espiritual en esta Navidad

Siempre que termina un año, queremos un nuevo comienzo. Creamos una agenda con resoluciones y propósitos que deseamos cumplir para el próximo ciclo que inicia. Tenemos la necesidad de cambio y de lograr lo que nos proponemos; un guardarropa nuevo, un corte de cabello, cambio de vehículo, dietas, rutinas de ejercicios, viajes, etc.

C. S. Lewis dijo en su libro “Mero Cristianismo” que: “La historia de la humanidad es la larga y terrible historia del ser humano tratando de encontrar algo distinto a Dios que lo haga feliz”.

¿Por qué procurar una renovación espiritual en Navidad? ¿Te has hecho esta pregunta? Navidad es la víspera de la nostalgia, el tiempo donde conmemoramos el nacimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo y por alguna extraña razón, también es el tiempo en el que muchas de nosotras abrazamos la idea de empezar de nuevo. De pronto nos embarga un sentimiento esperanzador que nos mueve a anhelar un mejor porvenir, pero sobre todas las cosas, queremos siempre probar algo diferente.

Seamos honestas, los cambios son una constante en nuestras vidas, la naturaleza misma nos habla de ello: las estaciones, los días, la vegetación, y este artículo no me bastaría para nombrar todo lo que es muestra de los cambios a nuestro alrededor, pero la cuestión no son los cambios, sino lo que nos mueve a anhelarlo.

Además de la naturaleza, la palabra de Dios nos enseña que los cambios son lo cotidiano en nuestras vidas durante todo el año, y en nosotras como creyentes, dichos cambios comienzan desde nuestra regeneración al aceptar a Dios como nuestro único y suficiente salvador, y continúan durante todo nuestro caminar como cristianas.

“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, mediante el lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo” Tito 3:5

Este proceso es constante, sobre todo para crecer, es como reconstruir algo y dejarlo como nuevo, lleva tiempo, y debido a que vamos envejeciendo y nuestro día a día nos desgasta, me gustaría compartirles algunos consejos prácticos que nos ayudarán a comprender y mantenernos en ese camino de renovación durante todo el año.

  • Lo primero es recordar que la renovación comienza en nuestra mente. La manera en que pensamos determina quienes somos y como vivimos. No te enfoques solo en crear un listado de lo que debes hacer o no, aunque esto es bueno, debemos tener muy en claro que los malos deseos y el comportamiento no cambian por la ley, sino que la transformación es un cambio interno profundo en nuestra mente, puesto en marcha por El Espíritu Santo de Dios.

¨No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar¨ Romanos 12:2

El problema de nuestras mentes es que están caídas, inclinadas constantemente a la vanidad de la vida y a no encontrarse con su Dios. Nuestra imagen en el espejo es como un reflejo de nuestra naturaleza caída, es un dios mortal que adoramos y la única forma que puede ser transformada es cuando nos exponemos ante la palabra de Dios.

  • Exponer nuestra mente a la verdad. Debemos ser intencionales en encontrarnos con las Escrituras, permitir ser confrontadas por la verdad y meditar en ello y pedirle al Señor que nos ayude a abrazar esa verdad. Llena tu mente de la palabra de Dios, por medio de la lectura, podcasts, reflexiones, libros cristianos y consejos de personas sabias y piadosas que también forman parte del cuerpo de Cristo.
  • Cultiva tu relación con Dios. Lo que marca esa relación fuerte son varios elementos cruciales: Cuidado, atención y pasar tiempo juntos. Desconéctate para poder conectar, se intencional en apartar un tiempo especial y prolongado con Dios, si te es difícil hacerlo diario, te recomiendo que puedas tener ese tiempo más extenso y de calidad con Él una vez a la semana.

Dentro de estos momentos con Dios, saco tiempo para contemplar. Mis mejores tiempos de oración han sido cuando dejo “mi lista de peticiones” a un lado y empiezo a contemplar a Dios. Esto se trata de conocer y ser conocida por Él, ya que la mejor respuesta a nuestras oraciones no es la prosperidad económica, la sanidad física, o el cambio de nuestras circunstancias (cosas por las que a menudo oramos), sino más bien su Presencia misma.

  • Celebra el proceso. Enfócate en lo bueno que Dios está haciendo cada día en tu vida, y celebra las pequeñas victorias.
  • Deja de pensar que no puedes manejar tus pensamientos. Muchas de nosotras hemos pensado que no podemos controlar lo que pensamos o sentimos en ciertos momentos, pero esto es una excusa débil y no está basada en las Escrituras. La palabra de Dios nos ordena a “pensar en estas cosas” (Filipenses 4:8), “Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche” (Josué 1:8), esto quiere decir que tenemos la capacidad de escoger lo que pensamos. Tienes la capacidad simple de decir: “Voy a pensar en estas cosas a propósito”.
  • Haz equipo con tu comunidad de fe. Por último y no menos importante, cuando rendimos cuentas a otras personas y practicamos la confesión, somos más honestas, y nos ayuda a enfocarnos y a no volver atrás, a una vida lejos de nuestro creador. La influencia y el soporte de los hermanos en la fe son instrumentos clave en nuestra renovación. No es posible vivir una fe sana aisladas de la comunidad de creyentes, pues Dios mismo nos ha creado como entes sociales que se apoyan mutuamente para seguir adelante en este camino de la fe cristiana.

Oro mis hermanas para que a través del Espíritu Santo de Dios y el entendimiento de su palabra sigamos siendo renovadas, que el fruto del Espíritu sea evidente cada día en nuestras decisiones, caminando en amor por Dios y amor por los que nos rodean.

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