Despojándonos del Egoísmo 

Según lo que define el diccionario, una persona “egoísta” es aquella que antepone el interés propio al ajeno, lo que suele acarrear un perjuicio a los demás. ¡Algo que es completamente contrario a lo que en mi caso he aprendido en la maternidad! 

Nunca me he considerado una persona egoísta hasta que nació mi hija. ¡Cuánto debe uno renunciar al Yo al convertirse en madre! La verdad es que me chocó de frente el tener que dejar de lado mis preferencias, mi sueño, mi comida… ¡No podía creer que aún las necesidades básicas no las podía satisfacer! Pero que gran lección trajo consigo todo ese sacrificio; el amor que sentía por esa nueva personita era mucho mayor que lo que pudiera dejar de hacer para mí misma. 

Creo que sería beneficioso para nosotros pensar en este ejemplo. Nos podría ayudar en el día a día a vencer nuestro egoísmo. Dice la Palabra:

  • “Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados” 1 Pedro 4:8

Creo que esta es la clave que nos hará vencer el pecado del egoísmo: el amor ferviente hacia los demás.

La clase de egoísmo que acabo de mencionar respecto a mi experiencia con la maternidad no es del todo reconocida como tal porque bueno, es un deber cuidarse de uno mismo ¿o no? Pero creo que nos hace bien pensar en ello cuando no estamos dispuestas a ceder en el servicio al otro porque afecta nuestro tiempo, nuestras fuerzas o implica algún tipo de sacrificio.  Claro, dirás que es nuestro deber como madres o que haríamos todo por nuestros hijos, pero ese es exactamente mi punto; a veces simplemente no estamos dispuestos a ceder un poco de nuestra comodidad por el bien del otro porque no tenemos suficiente amor que nos mueva en esta dirección. 

También hay otro tipo de egoísmo, ese que no piensa en los demás aún si no requiere ningún tipo de esfuerzo físico de nuestra parte. Es el que te provoca incomodidad simplemente porque no quieres que la otra persona disfrute lo que tu disfrutas, que no tenga lo que tienes y que hace que te afecte su felicidad. Para mí, es el más dañino e insensible y creo que los siguientes versículos pueden traernos luz al respecto. Aunque algunos no tienen específicamente la palabra egoísmo en ellos, sí creo que tienen relación directa con esto. Veamos:

  • “Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas” Santiago 3:16

Podemos ver aquí que si tenemos rivalidades (pongamos el egoísmo aquí) en nuestro corazón, es una señal de que hemos dejado entrar y albergar maldad en él. Esto es muy peligroso porque una vez esto se apodera de nosotros es difícil de aceptarlo para poder arrepentirnos y sanar. Por eso debemos parar todo sentimiento o pensamiento de egoísmo en nuestros corazones a tiempo, en el momento en que nos damos cuenta, para que luego no se aniden muchos otros pecados más que luego serán más difíciles de sacar debido a la confusión que ya tiene nuestro corazón sumergido en todo tipo de cosas malas. 2 Corintios 10:5 dice: “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. ¡Aseguremos de poner esto en práctica! 

  • El que es generoso prospera; el que reanima será reanimado.” Proverbios 11:25 NVI

Este pasaje nos revela que el egoísmo es lo contrario a la generosidad. El ser generoso es un mandato del Señor y practicando esta virtud  podemos vencer el egoísmo en nuestros corazones.. A veces cometemos el error de pensar que, si damos lo que no nos duele, estamos siendo generosos. Así podemos ser muy egoístas y ni siquiera notarlo porque ya cumplimos nuestra cuota de generosidad. No nos equivoquemos, el ser generoso va más allá. Es ceder aun lo que nos cuesta, pero hacerlo alegremente porque nuestro amor por el prójimo es mayor. 

  • El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.” 1 Corintios 13:4-5

Por último, ” El amor… No es egoísta” y para esto debemos “Negarnos a nosotros mismos” (Mateo 16:24) y “Considerar a los demás como superiores a nosotros” (Filipenses 2:3). Y este punto es muy importante pues es el motivo principal de nuestro egoísmo. Creemos que merecemos lo que queremos y nadie más lo merece. No es así, todo es de Dios y sólo somos administradores de sus recursos. Así que considerar al otro como superior a uno mismo es clave para despojarnos de este pecado. 

Que se quede en nuestros corazones el hecho de que el egoísmo no es compatible con el amor, por lo que es urgente la necesidad de apartarnos de él y amar al prójimo no sólo con nuestras acciones, sino también con nuestras posesiones. Recordemos que “Es mejor dar que recibir”. 

Tengamos cuidado con este pecado, es de esos que entran sigilosamente y nos va destruyendo por dentro. Acaba con nuestra felicidad, con nuestra gratitud hacia El Señor, destruye relaciones y nos separa de Dios. Busquemos agradar al Señor renunciando a nuestras comodidades, tiempo, esfuerzo y dándolo a los demás como un servicio a Cristo cuando nuestro prójimo lo necesita de nosotras. 

“Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.” 1 Corintios 10:24

Si nos descargamos de lo que entendemos merecemos o nos pertenece y confiamos en El Señor obedeciendo Su Palabra, podremos descansar en Él y disfrutar las bendiciones espirituales que vendrán como fruto de nuestra obediencia.

Por Ardys Fernandez

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