Mi trabajo y la ética cristiana

Según el diccionario común, la palabra profesión, se refiere al empleo o trabajo que alguien ejerce y por el que recibe una retribución económica. La acción que conlleva el tener una profesión o empleo es trabajar, y esto es tan antiguo como el hombre mismo, ya que Dios desde el principio lo encomendó a Adán. Él debía trabajar como un medio para ganarse su sustento (Génesis 1:28).

El trabajo no es una “maldición” como algunos creen (quizás tú misma lo hayas percibido así en algún momento), y tampoco se generó a raíz del pecado del hombre, es todo lo contrario. Cuando el hombre cayó en desobediencia, de antemano ya él tenía la misión de trabajar, de darle sentido a su vida y propósito a través de este. Dios mismo trabajó, creó todo lo que existe, expandió, organizó, puso cada cosa en su lugar, dio forma, delegó funciones (Génesis 1-2). Así que Él no vio nada indigno en el trabajo. Sin lugar a duda, estamos hechos para trabajar.

A través del tiempo, el mundo se ha industrializado, tecnificado y junto a la tecnología, la forma de generar economía se modernizó. Con todo esto vino el asunto de leyes y normas que deben guiar al hombre en los detalles de la adquisición, posesión y consumo de bienes materiales. Estos asuntos le interesan también al creyente, ya que tiene que tomar decisiones personales, y en muchas ocasiones no podrá hacer mucho para cambiar la política de sistemas económicos para determinar las prácticas de otros. Pero cada cristiano tiene el deber de vivir con un testimonio positivo del poder redentor de Dios en su vida. – J. E. Giles (Bases Bíblicas para la ética).

Sería casi inevitable que hablemos de trabajo y no mencionemos la ética cristiana que debemos tener y poner en acción, en este caso, en nuestros lugares de trabajos.  

La ética

Si los principios de la ética del trabajo se cumpliesen como indica su definición, que es la creencia de que el trabajo tiene un beneficio moral y una habilidad inherente de fortalecer el carácter y si se aplicaran en el lugar de trabajo se obtendría un beneficio moral y no simplemente económico, que puede fortalecer nuestro carácter. Sin embargo, esa ética del trabajo que estuvo presente en generaciones anteriores es precisamente la que está ausente en la sociedad de hoy. -Miguel Núñez (Ética Cristiana).

La ética, puede concebirse como una valoración de los actos humanos en el ámbito de su accionar en la sociedad. Sin embargo, la ética cristiana está determinada y cimentada en la palabra de Dios y lo que esta ordena y establece sobre cómo debe ser el comportamiento cristiano en todas las áreas de la convivencia. La ética cristiana no solo vigila el qué hacer del comportamiento, sino también las motivaciones de este.

Partiendo de esta premisa abordaremos cómo nosotras, como creyentes, debemos honrar a Cristo a través del ejercicio de nuestras profesiones y nuestras relaciones laborales.  En Mateo 5.13-16, Jesús hablando sobre el Sermón del Monte les recuerda a sus discípulos que ellos son “la sal de la tierra y la luz de mundo.”

De modo que como creyentes tenemos el compromiso de dejar un buen testimonio en nuestras prácticas profesionales y relaciones laborales ante nuestros superiores, compañeros y colegas y que esto a su vez redunde en traer honra al nombre de Cristo.  “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Mateo 5:16.

De manera que a Dios le interesa no solo que hago, sino también cómo lo hago y las raíces de dónde proceden lo que hago o mis motivaciones más recónditas.

Vive para honrar a Cristo también con tu profesión

Recuerda que vivimos para Cristo y todo lo que hacemos debe traer gloria a Él. Puedes favorecer a tu jefe con el propósito de alcanzar una promoción, pero si en tu corazón hay un deseo desmesurado por destacar, hay orgullo, egoísmo, avaricia, esto, no glorifica Dios. Las intenciones o motivaciones podrían ser ocultas a los ojos humanos, pero no a los ojos de Dios y esto no es agradable ante Él, ni es ético.  

Veamos algunos casos de los que tal vez estés algo familiarizada:

Un creyente que quiere dedicarse a orar durante el horario laboral. Esto se ve y hasta suena bien a la primera, pero el tiempo laboral es para trabajar. Aunque tengamos el permiso de nuestros superiores para hacerlo en un momento determinado, es el papel de una creyente de que, si va a orar, lo haga preferiblemente antes del inicio de su jornada laboral o en su tiempo de almuerzo. Evitando también malentendidos, chisme o mal testimonio.

Otro que por el tiempo que tiene en la empresa entra en tal confianza que toma los bienes o posesiones de esta, sin consentimiento; ya sea un lapicero, una libreta, imprimen documentos personales, entre otros. Hacen fama de su impuntualidad, pero son los primeros que salen al culminar el día, y cuando llegan las promociones quieren ser promovidos, y lo peor, sienten que lo merecen.

En otros casos existen otras conductas antiéticas como: evasión de impuestos, alteraciones de costos, comisiones fraudulentas y otros malos negocios que no glorifican a Cristo y que hacen que el evangelio sea difamado. En la vida de una creyente genuina tenemos una de dos; o Cristo es glorificado o el evangelio es desacreditado.

Algunos consejos prácticos para honrar a Cristo en tu lugar de trabajo

Recuerda que, si eres creyente y tienes un empleador creyente, esto no cambia la relación laboral de empleado a empleador, tampoco tienes derecho de menospreciar su autoridad. El apóstol Pablo le recuerda a Timoteo; “Y los que tienen amos creyentes, no los tengan en menos por ser hermanos, sino sírvanles mejor, por cuanto son creyentes y amados los que se benefician de su buen servicio.” (1 Timoteo 6:2.)

En caso de que seas una empleadora creyente, debes recordar siempre la relación laboral. Remunera a tus empleados a tiempo y no solo de manera justa, sino bondadosa. Los cristianos trabajan porque al igual que todo el mundo tienen compromisos financieros y necesidades que cubrir. No les hagas trabajar horas extendidas sin paga, porque esto no habla de la justicia ni del amor de Dios en ti.  “Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos.” (Colosenses 4.1)

Para finalizar, te dejo algunos consejos que me han ayudado en mi lugar de trabajo:

  • Encomienda tu jornada laboral al Señor antes de iniciarla.
  • Haz todo como para el Señor y no para los hombres.
  • Sé amable al servir. Hazlo desinteresadamente.
  • Mantén firme tu carácter. Si fallas en esto, será evidente tu falta de integridad en tu lugar de desempeño.
  • Mantén un buen rendimiento.
  • No te ausentes con frecuencia y evita las llegadas tardías.
  • Practica y promueve el respeto, no importa si la persona está por encima o debajo de ti jerárquicamente.
  • Trabaja en equipo. Sé colaborativa.
  • Evita el uso de las redes sociales en tus horas de trabajo.
  • Un cristiano se esfuerza, se compromete, ayuda, es solidario con las tareas de sus compañeros.
  • Sé obediente a tus superiores. “Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.” 1 Pedro 2:18.

Amada amiga y hermana, te invito a darte la oportunidad de honrar a Cristo en tu lugar de trabajo.  Por amor a Él, para que el evangelio sea expandido en aquel lugar, por tu testimonio y que todos los que estén a tu alrededor puedan ver Su carácter reflejado en ti.

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