Honrando al Señor con nuestra manera de vestir

Si en algo las mujeres somos realmente probadas es en nuestra manera de vestir. Como siervas del Señor debemos tener nuestra mente muy enfocada en cómo ser de bendición y no de tropiezo a los demás.  Es algo muy difícil pues la mayoría de las veces debemos negarnos a nosotras mismas al sacrificar nuestros gustos y preferencias por otra persona que a veces ni conocemos. Pero esto es lo que El Señor espera de nosotras y es una muestra de nuestro entendimiento de lo que es el amor al prójimo. 


En el caso particular de la modestia, es más difícil para nosotras porque siempre queremos vernos bellas y es parte de nuestro diseño, pero como todo en este mundo, eso también está manchado por el pecado y a veces nuestras preferencias al vestirnos no están bien delante del Señor. Y con esto no me refiero a la ropa en sí, más bien en lo que hay en nuestro corazón o lo que, siendo honestas, sabemos que podemos provocar en los demás. Quizás en ese atuendo puede haber sensualidad o pudiera resaltar nuestra figura de una manera inapropiada. Esto es lo que como siervas del Señor debemos tratar de evitar. 


Es una pena que como cristianas pudiendo ser el ejemplo en este aspecto para las mujeres en el mundo, muchas de nosotras somos las que hacemos caer a los demás, usando una vestimenta imprudente. Hermanas, esto es más importante de lo que pensamos. A veces pecamos de esto en la casa del Señor también. Nos gana nuestro instinto o deseo desenfrenado de vernos bien y no pensamos en ninguno de los aspectos antes mencionados. He escuchado hermanos contar como han tenido que salir o cambiar de asiento o lugar en la iglesia para no ser tentados y esto es muy triste.  Procuremos no ser de tropiezo.

 
La Palabra dice en 1 Timoteo 2:9-10 “Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos; sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad.” y en 1Pedro 3: 3 “Y que vuestro adorno no sea externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios.”  Si conectamos ambos pasajes esto significa que debemos vestirnos de una manera que no llame la atención negativamente.

  
En el primer pasaje menciona la palabra “decorosa” que significa: Que tiene decoro o sigue las normas morales socialmente establecidas y las buenas costumbres. Y si buscamos la definición de “decoro” vemos:  Comportamiento adecuado y respetuoso correspondiente a cada categoría y situación. Y en el otro pasaje se nos exhorta a ser tiernas y apacibles. Si conectamos nuevamente estos pasajes también, podemos inferir que nuestra vestimenta no debería ser provocadora o muy llamativa si no que deberíamos buscar vestirnos de acuerdo con la ocasión y decentemente.

 
Quisiera resaltar que a veces tenemos un mal concepto de cómo debemos vestirnos si queremos agradar al Señor. No siempre se trata de no usar un tipo específico de prenda al vestir, aunque hay piezas que como hijas del Señor nunca deberíamos usar, más bien es entender cuándo, cómo y dónde es apropiado usar un atuendo. Lo importante es lo que hay en nuestro corazón. Siempre busquemos la raíz de lo que provoca que nos vistamos de una manera u otra. Cuidémonos de una falsa apariencia de piedad. Nuestro objetivo siempre debe ser agradar al Señor, no la alabanza de los hombres.


Quizá las próximas preguntas nos pueden ayudar a analizar nuestro corazón:

  • ¿Es mi interés llamar la atención de los demás al vestirme? 
  • La manera en la que visto me proyecta como una mujer piadosa: ¿prudente, ordenada y respetuosa? 
  • ¿Podría este atuendo ser de tropiezo a un hermano en la fe? 
  • ¿Quiero ser alabada por la manera piadosa en que visto o es mi único interés el agradar al Señor?

No olvides que la falta de modestia al vestir es un asunto del corazón. Antes solía pensar que el vestirme bonito era vanidad y que, si sabía que mi valor no estaba en lo físico, no debía tener interés en lucir ¨linda¨.  Oh hermanas, El Señor me confrontó fuertemente al respecto, ya que mi entendimiento estaba basado en el juicio hacia las demás.  Él me llevó a Proverbios 31: 22 que dice: “Ella se hace tapices; De lino fino y púrpura es su vestido”. El me hizo ver que estaba pecando terriblemente, y que me estaba negando a mi misma y a mi diseño por tener amargura en mi corazón al respecto.  No es pecado el querer lucir bien.

Gracias al Señor experimente la libertad de disfrutar el ser una mujer que ama al Señor y lo obedece reflejando mi feminidad a través de como me visto. Recordemos que el pecado está en hacer de esto un ídolo.  Está en que un día te sientas amargada o triste porque no pudiste vestirte de la manera que querías, o porque no pudiste comprarte ese vestido, o porque debiste renunciar el ponerte esa falda porque era de tropiezo a otros. Examinemos nuestros corazones y busquemos agradar al Señor amando a nuestro prójimo como a nosotros mismos. 


Por último, recordemos que la belleza al vestir no está en lo que mostramos de nuestro cuerpo, o lo llamativo que puede estar nuestro atuendo, la belleza al vestir está presente cuando honramos al Señor y a Su Palabra vistiendo con modestia.

Por Ardys Fernandez!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .