Siendo de testimonio en nuestro lugar de trabajo

Desde que acepté a Jesús como mi Señor y Salvador, la manera en la que me comporto en mi lugar de trabajo ha sido una batalla constante en mi conciencia. Mis actitudes, relaciones, etc. han traído la constante pregunta de: ¿Esto agrada al Señor? Esta pregunta debería estar presente siempre, no sólo respecto a nuestra conducta en el ámbito laboral, sino en todos los aspectos de nuestra vida. Pero de forma particular, en el área laboral en ocasiones es un poco más difícil, ¿no lo creen?

Esto se vuelve una lucha más fuerte cuando en el lugar donde trabajamos no comparten nuestras creencias y convicciones. Aunque todas prefiriéramos trabajar en un ambiente cristiano donde todos amen al Señor y quieran agradarlo, lamentablemente es muy poco probable que nos toque. Aun en instituciones cristianas podríamos trabajar con personas que no amen al Señor y cuyas acciones no reflejen a Cristo.

Entonces, ¿Qué debemos hacer? ¿Salir de ese lugar, y seguir buscando ese ambiente laboral perfecto donde todo sea paz y armonía? Lamento decirte que, en la gran mayoría de los casos, esta no es la respuesta correcta.

Debemos reconocer que nosotras también somos pecadoras que seguramente le estamos fallando a Dios todos los días y muy probablemente nuestros compañeros lo noten también, por lo que no es un problema de dónde o con quién trabajemos. No estamos llamadas a encontrar la perfección en los demás ni mucho menos a juzgar, pues nosotras mismas también podemos ser de tropiezo a otros. El punto está en confiar en que el Señor te ha llevado a ese lugar y obedecer la Palabra de Dios siempre para que el carácter de Cristo se vea cada vez más reflejado en nosotras y poder ser luz a otros.  Dicho esto, te quiero exhortar a lo siguiente:

Predica la Palabra.

Pablo le dice a Timoteo “…que prediques la palabra, que instes a tiempo y fuera de tiempo, redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.” 2 Timoteo 4:2, y aunque le estaba escribiendo a un joven pastor encargado de enseñar a una iglesia, todos los cristianos podemos apropiarnos de este mandato.  El Señor Jesús también nos manda a anunciar las buenas nuevas del Evangelio a todo el mundo (Marcos 16:15), entonces es nuestro deber hacerlo aun en nuestros lugares de trabajo.

Esto no significa que debemos ponernos de pie en un espacio y predicar la Palabra a toda voz, pero por mencionar algunos ejemplos, el Señor puede abrir una puerta para un pequeño devocional o una oración para empezar el día ¡y no deberíamos desaprovechar eso! Siempre y cuando sea sugerido o permitido por tu supervisor. Pero más que nada, me refiero a las conversaciones del día a día.

Siempre en el ambiente laboral surgen temas personales, opiniones, temas del momento, quizás una compañera se acerque por un consejo, puede ser alguien en medio de una aflicción personal, etc. entonces todo lo que hablemos debe reflejar a Cristo. Aprovechemos y mostremos lo que dice la Palabra al respecto. No con la intención de ganar un debate, ni creernos que sabemos más del tema y por eso sentirnos superiores, (Créanme que he pecado con esto antes y puede pasarnos sin darnos cuenta), sino que tengamos más bien en mente siempre hacerlo con la intención de hablar la Verdad y predicar a Cristo.

Dice Colosenses 4;6 “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis como debéis responder a cada uno.” Que el amor al prójimo permee todas nuestras conversaciones. Esto hará que siempre queramos dar a conocer a nuestro Salvador con paciencia y gracia.

Predica con el ejemplo

Hay un viejo refrán que dice: “Una acción vale más que mil palabras.” Y muchas veces es así. De nada nos sirve hablar la verdad de la Palabra de Dios y no actuar en base a esa Verdad. Por eso tratemos de ser de testimonio con nuestra conducta. Para esto es bueno recordar practicar lo siguiente:

  • Ser amables con todos. (Filipenses 4:5)
  • Estar siempre dispuestas a hacer nuestro trabajo con diligencia y apuntando hacia la excelencia. Nunca llegaremos a la perfección, pero créanme, que el esfuerzo vale la pena, porque a quien servimos es a Cristo.  (Colosenses 3:23-24)
  • Ser leales a nuestros superiores. Que ellos confíen y puedan descansar en nosotras. (Efesios 6:5)
  • Obedecer a nuestros superiores siempre y cuando no sea algo contrario a lo que el Señor nos ordena en Su Palabra.  De ser así, deberíamos negarnos de manera respetuosa y explicarle nuestras convicciones al respecto. Y sobre esto quiero abundar un poco:

Cuando tomamos la decisión de obedecer a Dios antes que a los hombres (Hechos 5:29), debemos confiar y estar seguras de que el Señor nos respaldará. Su Palabra dice que ninguno de los que esperan en Él serán avergonzados. (Salmos 25:3) Él no nos abandonará. Conozco personas que tuvieron que negarse a hacer algo en sus trabajos porque no agradaba al Señor, y aunque quizás no era del agrado de sus superiores en el momento, luego supieron valorar sus acciones por querer honrar sus convicciones.  El obedecer al Señor puede traer mucha lucha emocional, porque no siempre es bien recibido, pero Dios da gracia. Estas personas eran reconocidas por sus valores, que al final también representaban buenos resultados en su trabajo.

Debemos tener una actitud de obediencia y fe en el Señor, Quien siempre responde a Su tiempo.  No todo será color de rosa y a veces podemos sentir el fuego de la prueba, incluso puede costarnos nuestro trabajo, pero creemos y sabemos que es mejor obedecer al Señor siempre. De Él recibiremos la recompensa, tanto en el lugar de trabajo donde te encuentres como fuera de este.  El Señor puede darte gracia y abrir las puertas que creías imposibles de abrir o puede proveer otro trabajo o suplir lo que necesites. Recuerda que la Palabra dice que “toda obra para el bien de los que le aman”. (Romanos 8:28)

No quiero que pienses que todo esto es fácil de hacer. A veces sí, y a veces es muy difícil. Pero recuerda que actuar conforme a la Palabra de Dios en nuestro lugar de trabajo es vital para que el Evangelio sea expandido y Cristo sea glorificado.  Algunas de nosotras pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en nuestros trabajos, entonces esas personas a nuestro alrededor son puestas por nuestro Señor en nuestras vidas. Cumplamos nuestro propósito conforme a la Escritura, prediquemos a Cristo, aprendamos a negarnos a nosotras mismas y a decidir obedecer al Señor.  Él es fiel y nos recompensará. Nos dará gracia para con los demás y tarde o temprano veremos los frutos de nuestra obediencia. 

Por Ardys Fernandez!

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