Venciendo el mal con el bien – Siendo sal y luz

Cuando entro  a las redes sociales, leo las noticias, escucho que sale una canción secular o un video musical, o cuando veo las leyes que proponen los líderes políticos, la promoción abierta y sin tapujos de antivalores, del sexo y la pornografía, cuando veo que muchas personas prefieren evidentemente amar a Barrabás en vez de a Jesús (Mateo 23:21-23), compruebo que la sociedad está peor de lo que pensé. Es una realidad que el mundo va en declive cada día más y que la maldad se ha descarrilado por completo.

Siendo cristianos, ¿cómo entonces podemos vencer tanta maldad?

Pues, haciendo el bien. Nosotros somos discípulos de quien murió en una cruz por sus enemigos, por amor. Y este no fue un hecho pasivo, más bien fue una acción que trastornó el mundo y venció la maldad con su muerte y resurrección. Jesús no usó palabras persuasivas ni manipuladoras para hacer cambiar de parecer a quienes no creían en El. Pero Su pacto delante del Padre, en favor de redimir el pecado y la maldad de toda la humanidad, fue completamente pagado con su muerte, y este es su gran testimonio.

Pablo nos dice en Romanos 12:21 que no seamos vencidos por el mal, sino que venzamos el mal con el bien, es decir que no permitamos que la hostilidad de nuestros enemigos, de aquellas personas que profesan lo contrario a nosotros, produzca hostilidad en nosotros y que debemos dejar que el amor triunfe por encima de la maldad.

Ahora bien, esto no significa que este amor nos convierta en personas pasivas, permisivas, silentes o indiferentes. Más bien todo lo contrario. La Palabra del Señor nos insta muy seguido a que seamos valientes, y con razón, por ejemplo, si vemos la historia de la iglesia primitiva, la vida de persecución de nuestros hermanos Pedro, Pablo y muchos más que encontramos en las Escrituras, nos damos cuenta de que el Evangelio de Cristo siempre será confrontado. Debemos recordar que estos sucesos son parte del padecimiento que viviremos por profesar nuestra fe en el Señor. Nos es necesario cambiar la mentalidad de víctimas al reconocer que, por la causa de Cristo, estas cosas han de acontecer. Hay que reconocer que al nivel que vamos como humanidad, ser cristianos en estos días es un acto de valentía.

Si la iglesia, los hombre y mujeres de Dios, están siendo perseguidos porque representan una amenaza a los ideales y filosofías mundanas; porque pone un stop donde se quiere vivir sin freno, y porque anhela vivir en defensa de los estatutos de Dios y no los de los hombres, entonces SI está cumpliendo con su misión.  Leamos juntos en Mateo 5:13-16;

Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿Con qué se hará salada otra vez? Ya no sirve para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.”

Al leer estos versos, podemos comprender puntualmente nuestro deber, ser sal y luz de este mundo. Las personas necesitan con desesperación de Dios, pues el enemigo desde el comienzo de la historia de la humanidad (Génesis 3:11-13) ha tratado de convencer al ser humano de que se puede llenar el vacío que solo tiene el tamaño de Dios, con otras cosas.

Salando y alumbrando al mundo

Cuando decidimos ser sal y luz, estamos haciendo una clara declaración de ir contra corriente:

  • Al declarar oposición al oprobio, siendo porta voces de un amor incomprensible e incondicional como lo es el amor de Dios;
  • Al anunciar las buenas nuevas de salvación, pues Cristo murió por todos y ama, perdona y salva a todo aquel que le recibe;
  • Al procurar lo bueno, lo honesto y lo justo, en medio de una sociedad que no pretende vivir de acuerdo con estos valores;
  • Al denunciar lo que es ilícito y corrupto, pues servimos a un Dios puro que se deleita en la verdad.

Por la causa de Cristo vamos a ser discriminados, oprimidos, subestimados, confrontados. Nos llamaran retrogradas, arcaicos, ignorantes, intolerantes. Querrán silenciarnos, callarnos, enmudecernos. Pero es preferible no caerle bien a la gente, no agradarles o molestarles, para verdaderamente honrar al Señor y Su Verdad.

No olvidemos que quizás somos la única Biblia que muchas personas podrán leer. Somos testimonio andante del amor de Cristo. También somos atalayas de Su verdad y defensores de la fe. De esta manera radical es que podremos vencer el mal con el bien. Recordemos estas verdades bíblicas que nos fortalecen, nos ayudan a aumentar nuestra fe y nos dan aliento para soportar con gozo y seguir adelante con Cristo el Señor:

Oremos con ímpetu para que el Señor nos ayude a promover el bien; que nos fortalezca cuando sintamos desmayar; que nos aliente cuando estemos cansados; que nos instruya cuando necesitemos Su guía; que nos levante cuando tengamos la tentación de caer; y que se glorifique en nuestras vidas en cada paso que demos. AMEN.

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