Glorificando a Dios con los ejercicios

Realizo ejercicios de cuatro a cinco veces a la semana, y hace un tiempo considerable, recuperé mi peso normal o al menos el recomendado por mi doctora. Me ejercito por salud, pues sabemos los beneficios (mejora la salud mental y emocional, controla el peso, reduce los niveles de azúcar en la sangre y enfermedades del corazón; fortalece huesos y músculos, etc.) y también porque tengo una niña de casi cuatro años que demanda mucho y créanme que hay que tener mucha energía física.

Cuando voy a las redes sociales, Internet o Youtube, hay un mundo en este tema de los ejercicios. Podemos encontrar videos, artículos, programas, etc., con todo tipo de sugerencias y métodos o formas para ejercitarme y si no tomo control de eso me puedo sumergir por largas horas en ese mar de informaciones. Y es que lo “fitness” se ha convertido en toda una industria que ha ido en aumento en esta última década por la alta demanda que presentan los alimentos saludables, suplementos, dispositivos “wearables” (todo el mundo quiere registrar sus logros, medir sus retos), ropas deportivas, las clases virtuales, clases personalizadas, los gimnasios, todo esto para conseguir el cuerpo perfecto, ya que a esta generación todo lo que le trae cierta gratificación al cuerpo y alimenta el ego lo vuelven “trendy”, ejercitarse también es parte de eso. No les niego que verse con un peso óptimo se siente muy bien, que la ropa de tallas pequeñas me vuelva a servir y que las personas te mencionen que lo has logrado. Sin embargo, en esos momentos cuando me miro al espejo y quiero seguir alcanzando metas (ahora quiero hacer pesas para tonificar), es donde me detengo a meditar en mis motivaciones.

Hacerlo todo para la gloria de Dios

Así que, sea que coman o beban o cualquier otra cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios.

1ra Corintios 10:31 (NTV)

Como cristianas creo que todas hemos escuchado este versículo y siempre lo recitamos. ¿Ahora bien, como lo llevamos a la práctica? En medio de la libertad que tiene el creyente, según el contexto de este versículo, no solo debe cuestionar si debe hacer algo o no, sino también preguntarse si lo está haciendo para la gloria de Dios. Hay un hermano (Josué Barrios) que sigo en su blog, y un día leyendo sobre este tema de hacerlo todo para Su gloria me topé con una frase y a partir de ahí he ido cambiando la manera como hago las cosas, él dice y cito: “hacer algo para la gloria de Dios es hacerlo reconociendo y mostrando que Él vale más que todo lo demás”.

Es importantísimo ejercitarse, de hecho, te sugiero que si no lo estás haciendo le pidas ánimo al Señor, los medios y sabiduría para hacerlo y no esperar que un doctor te lo prescriba, sin embargo, y aquí es donde está el balance, nosotras no lo hacemos porque es la moda, no lo hacemos para ser aceptadas, no lo hacemos para encontrar sentido en la vida, no lo hacemos porque queremos el cuerpo “hot”. Cuando lo hacemos con todas esas motivaciones incorrectas caemos en obsesiones: hoy quiero rebajar, mañana quiero tonificar, luego quiero cuadritos, y así seguimos hasta el infinito. De hecho, muchas caen en desórdenes alimenticios haciendo un sinnúmero de dietas peligrosas para la salud porque los medios han sabido manipular muy bien nuestras mentes, solo tenemos que ver esas revistas o programas de televisión donde presentan el cuerpo perfecto, medidas perfectas, pero al final, esta industria lo único que quiere es que usemos sus productos tales como suplementos, productos “detox”, productos “light”, ropa, zapatos, etc. Otros dedican tanto tiempo y dinero que descuidan cosas importantes como su vida espiritual o la familia. No podemos correr como los que no tienen a Cristo, ellos lo hacen de esa forma porque hay un corazón vacío y cualquier cosa la convierten en su ídolo.

Mi aprendizaje

Ejercitarse es un tiempo para disfrutarlo, puedes hacerlo con tu esposo, con amigos, hasta con los hijos, etc. Es un momento para disipar y relajarse, sobre todo en este tiempo que estamos viviendo como humanidad. En ese sentido aquí les dejo algunas recomendaciones que he meditado:

  • En esta fecha del año comienza el afán por los ejercicios, en muchos casos nos invade un sentimiento de remordimiento, vemos los gimnasios llenos después de haber hecho todos los desarreglos en Navidad y ya en marzo, ¡adiós ejercicios! Esto es porque la motivación es incorrecta. No perdamos de vista porqué lo hacemos y mantengamos la consistencia y la perseverancia durante todo el año, los resultados serán muy diferentes.
  • Cuando nos ejercitemos tengamos pendiente que lo hacemos porque, quiero cuidar mi cuerpo, somos las administradoras de este, también, porque quiero estar en salud para poder servir mejor (1 Corintios 3:16-17), entendiendo que tengo una fisonomía única, no puedo pretender ejercitarme para sufrir una transformación a una persona que no soy . El mundo ha creado estereotipos de belleza con los cuales quieren enmarcarnos a todas. Si no estamos bien concentradas en las verdades de Dios caeremos en esa trampa y no veremos la belleza de Dios en la diversidad. Recuerda que tu cuerpo lo diseñó Dios y Él dijo que era bueno (Genesis 1:31).
  • Al realizar nuestra rutina de ejercicios tomamos tiempo y ponemos todo nuestro esfuerzo para ver resultados, es parte de nuestra naturaleza el alegrarnos por eso, sin embargo, debemos mantener a raya el gen que se llama “orgullo” que está en nuestros miembros (Filipenses 2:3-4). Cuidado con querer usar esa ropa o tomarse esas fotos para mostrar aquellas partes del cuerpo que están ejercitadas pero que sabemos que no lo debemos hacer porque no es el ejemplo de una mujer modesta (1ra Timoteo 2:9-10).
  • Motivar y no criticar a otras que no se ejercitan. Muchas chicas, mujeres, pasamos por tantos procesos. Algunas sufren de situaciones hormonales, otras de ansiedad y descontrol emocional, otras han pasado por el proceso de embarazo y otras no han entendido la verdad de que hay que cuidar el cuerpo. Debemos ser pacientes porque el Espíritu Santo está tratando con cada uno de manera particular. Tengamos cuidado como les hablamos a esa amiga, hermana en la fe o familiar. No debemos hacerla sentir mal sino alentar y por qué no, también orar por ella (Mateo 7:12).
  • Es un buen ejercicio hablar a nuestra mente para hacerle entender que todo en este lado del sol es vanidad. Por más esfuerzos que haga y logros que alcance con este cuerpo, al final se va a deshacer, se hará polvo (Eclesiastés 12:7). Sin embargo, hay un ejercicio mucho más importante, el ejercicio espiritual. Debo fortalecer mi hombre interior, crearle músculos fuertes, hacerlo resistente porque los beneficios que resultan de una vida piadosa no son solo para este lado de la eternidad, sino que transcienden (1ra Timoteo 4: 7-8).
  • Anhelemos la transformación que nuestro cuerpo recibirá y la promesa de Dios de que tendremos un cuerpo perfecto como el de Cristo (Filipenses 3:21). ¡Un cuerpo que no se va a enfermar, un cuerpo que no va a pecar jamás y un cuerpo que será preparado para adorar a su Creador por toda la eternidad!

Concluyo invitándote a orar para que Dios nos ayude siempre a mantener en perspectiva todo lo que hacemos mientras estemos en esta tierra. Que todo lo que hagamos y sea beneficioso y disfrutable para nosotras, nunca ocupe el lugar donde solo Dios debe estar.

¡Dios te bendiga!

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