Decide vivir en gratitud

Y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!

Lucas 17.13

Jesús, Maestro, ¡ten misericordia de nosotros! Fue el grito de desesperación de estos hombres. Tenían una rara enfermedad: Habían perdido toda sensibilidad, con posibles daños neurológicos o en sus órganos, y ni contar el daño emocional. Vivian con vestiduras rasgadas, despeinados, cubiertos inclusive hasta la nariz. Tenían que vociferar: ¡impuro! ¡impuro! Eran las reglas de convivencia para los leprosos. Era una enfermedad incurable en esa época.  Lucas nos dice que “cuando él [Jesús] los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados (Lucas 17:14). ¡Impresionante! Eran diez personas, diez fueron limpiados, sin embargo, solo uno regresó a dar gracias. Los leprosos no solo habían perdido la facultad de vivir en comunidad al estar aislados o la sensibilidad de la piel, sino también el de ser agradecidos.  Desafortunadamente, no somos muy distintos. Nos dejamos influenciar por las circunstancias de la vida y la falta de agradecimiento al Señor nos hace evadir la oportunidad de dar gloria a Su nombre.

Una historia llena de quejas

Como los diez leprosos, también recibí un milagro. En el 2017 habían transcurrido diez años después de mi último embarazo de mi segunda hija. Recuerdo estar esperando a mi esposo que me recogiera en un centro clínico de la ciudad donde me confirmaron que estaba nueva vez embarazada. Durante varios días parecía estar contenta, pero no podía aceptar mi nuevo estado. No me imaginaba siendo mamá de un bebé. Meses de náuseas y otros malestares, continuas visitas al doctor, y sin dudas una mayor “desfiguración” física por el aumento de peso. ¡No lo aceptaba! Y para mi sorpresa no solo esperaba un bebe, sino que ¡venían dos en camino! Pensaba: ¿Cómo iba a pasar por esto? ¿Por qué Dios había permitido esta experiencia en este momento? Se supone que mi esposo y yo clínicamente no teníamos las posibilidades. 

Toda esta experiencia me llevó a la ansiedad y me encontré atrapada en la queja. Entre los temores de un embarazo difícil y la posibilidad de que los niños nacieran prematuros, mi alma llevaba una carga pesada. Me encontré a mí misma habituada a la queja. Lo increíble es que era evidente que había recibido un milagro del Señor, pero mis ojos estaban cegados por la queja. Y como los leprosos, olvidé ser agradecida con mi Dios.

Gratitud

Según el diccionario gratitud es un sentimiento de estima y reconocimiento que una persona tiene hacia quien le ha hecho un favor o prestado un servicio, por el cual desea corresponderle.

A veces olvidamos lo que Dios ha hecho y eso nos lleva a no ser agradecidos. Somos olvidadizos, me parece que debido a la caída. El libro número cinco de la Biblia fue dado con el propósito de recordar al pueblo de Israel todo lo que Dios había hecho y enseñado durante su recorrido por el desierto, además de lo que debían enseñar a las próximas generaciones. Y como a mí, quizás tú también necesites un “Deuteronomio” en tu vida.  Cristo sanó a los leprosos, pero a nosotros nos ha sanado de la fatal enfermedad del pecado. Lo ha hecho con su sacrificio en la cruz por lo que la reacción que debemos tener es de rendición y agradecimiento por esa significativa muestra de amor.

Poner la mirada en las situaciones que atravesamos nos lleva a quejarnos una y otra vez, actitud totalmente contraria a lo que la Palabra nos exhorta a hacer, que es dar gracias o ser agradecidas y hacerlo en toda situación y por todo. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. -1 Tesalonicenses 5.18.

Permíteme concluir con algunos consejos para vivir con una mejor actitud de gratitud:

  • Cambia la queja por palabras de gratitud: La queja es una actitud de resistencia e incredulidad de la voluntad de Dios. Toma en cuenta esta frase de Nancy Leigh DeMoss: “Si estoy siendo quejumbrosa, no estoy siendo agradecida porque no puedo estar quejándome y estar llena del Espíritu al mismo tiempo”.
  • No seas olvidadiza: En la historia inicial, de los diez solo un leproso dio gracias. ¡No seamos con la mayoría! Seamos intencionales en recordar la obra maravillosa de la cruz, y el cuidado y provisión diaria que nuestro Padre ejerce en nuestro favor. Él es digno de gloria. Como ejercicio de agradecimiento, realiza una lista de todo lo que Dios en su bondad te ha entregado y lo que has podido vivir.
  • Toma en cuenta que Dios conoce tus situaciones. Filipenses 6.4 dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. Durante mis días de queja, recuerdo pensar en esta verdad y pedí al Señor que cambiara mi actitud por una de agradecimiento. Y él usó la Escritura para ejecutar ese cambio. “Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra”. Lucas 1.38.
  • Fija tu mirada en Cristo. El mayor milagro no fue la sanidad de la piel, sino la salvación del alma que experimentó aquel ex leproso que fue agradecido. Así que, no te distraigas con las bendiciones que esperas experimentar. No pierdas la perspectiva de lo que Dios te ha dado (la salvación en Cristo) y de lo que quiere darte: una eternidad con Él. ¡Fija tus ojos en Él!  

La gratitud es un indicador de nuestra verdadera condición espiritual.  Sal. 140 “Los justos darán gracia a tu nombre”.  (Frase tomada de Aviva Nuestros Corazones “Una actitud de gratitud”).

¿Y tú, te decides a vivir en gratitud?

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