Viviendo lejos de Dios

Levantarse, preparación para el trabajo, desayuno, si alcanza el tiempo. Ocupaciones como leer correos, recibir o realizar llamadas, hacer tareas, regresar a la casa después de un día de trabajo, atender la familia, descansar. ¡Ay verdad! El devocional… pero… es que… comienzo, luego la distracción… sigo con mi lectura bíblica, oración corta, carga de conciencia eliminada y el siguiente día llegaba.

Tristemente esta ha sido la descripción de muchos de mis días en la semana por años. A pesar de tener “tiempo en el evangelio” ya había logrado adaptarlo a mi rutina, similar a cepillarme los dientes. Aunque para las demás personas todo iba bien conmigo, la realidad era, que mi corazón no deseaba a Dios, verbalmente no lo expresaba, pero mis acciones lo gritaban.

Y sí, asistiendo a la iglesia fielmente, sirviendo en ministerios, me encontraba lejos de Dios. Sabía, que tenía que hacer algo al respecto, pero ¿Cómo? ¿Como se vuelve uno apasionado por El?

Me resistía a entender que mi problema estaba conectado al desconocimiento de quien era Dios y de mi gran deuda con El. Estaba en la parte A del versículo en Job 42:5 “De oídas te había oído” y necesitaba pasar a la parte B: “Ahora mis ojos te ven”.

Decidida a hacerlo puse en práctica algunas medidas que progresivamente me han hecho avanzar hacia ese segundo punto.

  • Oración: Te preguntaras. ¿Pero si ya lo hacías? No, aquí me refiero a la expresión de un clamor sincero donde reconocía mi condición de pecadora y mi urgencia de perdón. Sin pantallas, ni filtros, confesé la apatía que sentía hacia el evangelio. Pedí al Señor que me concediera lo que prometió a su pueblo en Ezequiel 11:19 “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo, quitare el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Si lo hizo antes, el puede hacerlo otra vez.
  • Estudia la palabra: Por muchos años limite mi tiempo devocional a la lectura de un librito con una historia para reflexionar y un verso bíblico. Cuando me aburría de eso, cerraba la biblia, la abría al azar y donde cayera, me aferraba a cualquier versículo que me “pegara”. En ocasiones digamos que funcionaba, pero a la larga no obtenía un entendimiento completo de la palabra. Todo me parecía desconectado, poco emocionante. Mi error yacía en que no estaba estudiando la biblia en la manera que fue escrita. Libro por libro. Esta manera de hacerlo considera el uso del estudio inductivo que aplica los criterios de la observación, descubrimos lo que el texto dice. ¿Estaba el autor escribiendo historia, poesía, una carta? ¿Quiénes son los personajes? ¿Qué lugares se menciona? La interpretación:  Se interesa por lo que verdaderamente quiere decir el texto. ¿Qué significa esa palabra? ¿Cuál es el punto central? Y la aplicación: Acepto la palabra y me pregunto ¿Cómo viviré de ahora en adelante?

En la medida en que descubría por mí misma lo que Dios decía, me impresionaba, porque comencé a entender su significado y a desarrollar el hábito de preguntarle a Dios como quería que viviera a la luz de su verdad.

  • Disciplina: Así como el entrenamiento que se necesita para correr 10K, si queremos verdadera cercanía con nuestro Señor debemos entrenarnos para su maratón “la vida cristiana”. Pablo lo enfatiza en 1era Corintios 9:25 “Todos los atletas se entrenan con disciplina. Lo hacen para ganar un premio que se desvanecerá, pero nosotros lo hacemos por un premio eterno.”  Esto no es opcional, como en toda carrera, es necesario preparase para no ser descalificados.
  • Comparte: Numerosos estudios están de acuerdo en que la repetición es el mecanismo mas eficaz para consolidar un conocimiento. ¿Qué dice Dios de mí? ¿En que estoy siendo confrontada? ¿Qué verdad he descubierto? Constantemente El Señor revela su verdad a mi vida, pero con mucha facilidad la mente limitada las olvida. Cuando comparto con otros soy recordada y otros animados.

No quiero darte expectativas incorrectas, aunque hoy puedo decir “ahora mis ojos te ven… eh bueno, con un poco de miopía espiritual sigo caminando, con el fin de alcanzar la perfección para la cual Cristo Jesús me hizo suya. (Filipenses 3:12) y algún día verle al 100% en toda la majestad de su gloria. 

Dios te bendiga!

Escrito por: Angelica Peguero

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