Tiempo de calidad en el hogar

¡Chicas! Qué gozo y que placer para mi compartir sobre este tema con ustedes, sobre todo porque en los últimos meses de este año 2020 el mundo ha sido afectado por una pandemia y nuestras casas se han convertido en un refugio y el lugar más seguro para todos.

Para introducir este tema quiero comenzar con la definición de hogar que no es más que el domicilio habitual de una persona y en el que desarrolla su vida privada o familiar, que además está íntimamente relacionado con la sensación de confortabilidad, seguridad, pertenencia, calma y descanso.

El término hogar tiene una etimología que deriva del latín «focus» – «hogar» que hace referencia al sitio de la casa en el que se prendía el fuego y alrededor del que se solía reunir la familia, cuando para calentarse no existían ni las estufas ni mucho menos la calefacción. También era el lugar donde se preparaba la comida, cuando estas se hacían a leña.

Cambiando de mentalidad

Para mí no siempre fue agradable estar mucho tiempo en casa. Recuerdo que buscaba en que ocuparme todos los días en miras de no estar más tiempo del realmente necesario. Creo que se debía a que no me gustaba en absoluto realizar los quehaceres (lavar los platos, lavar la ropa, limpiar, etc.). Me sobrecargaba en tantas actividades que nunca “tenía tiempo” de pasar momentos de calidad en casa y con mis padres, porque no era mi prioridad.

Después de casarme, esta realidad me invadió por completo. No tenía idea de por dónde empezar; que o como cocinar, como planchar una camisa o simplemente poner una mesa para comer. En mi soltería no tuve que aprender o preocuparme de estas cosas porque mi mamá las hacía. Lloré mucho los primeros meses de casada, me sentía incapaz e inútil porque en verdad anhelaba ser una buena esposa y ama de casa. Sé que esto era el mismo Señor tratando en mi corazón por medio de Su palabra al guiarme al verdadero conocimiento y dejando caer las vendas que no me permitían creer que cuidar de mi esposo y de mi casa eran cosas que honraban y le daban gloria al Él y que además, eran virtudes de una mujer piadosa.  

“Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto”.

Romanos 12:2

Y así como nos dice Pablo a través de este verso, debemos intencionalmente buscar la renovación de nuestra mente para no conformarnos a lo que la sociedad, el feminismo y las redes sociales han querido hacer de algo antibíblico, algo normal. Sea que vivas con tus padres, que estés casada o soltera, que vivas en comunidad o que estés a punto de iniciar tu vida de casada, es muy importante desaprender algunas ideologías y aprender las verdades que nos muestran las sagradas escrituras, sobre dar amor y valor a nuestro hogar, como nos enseña este mandamiento bíblico:

“…a que sean prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”.

Tito 2:5

Tu hogar, el templo familiar que debes cuidar

Pudiéramos asumir que cuidar nuestro hogar se refiere únicamente a la apariencia, limpieza u organización de la casa. Estas cosas son necesarias, sin embargo, la más importante de todas es hacer de nuestro hogar un lugar de adoración al Señor porque, así como nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo (1 corintios 6:19), nuestra casa se convierte en el primer lugar donde le damos la prioridad a Dios.

El tiempo de orar, el tiempo personal e íntimo con el Señor, todos tienen lugar en nuestro hogar. Debemos ser intencionales en propiciar un ambiente para un altar familiar (leer la palabra, orar, ayunar, compartir juntos en armonía, etc.) y hacer de ello un hábito. Esto fomentará el caminar unánimes y que las decisiones que puedan tomar sean con fe y apegados a la voluntad del Señor.

Quizás en tu hogar haya necesidad de restaurar la unidad, la paz, la armonía, el amor familiar o las finanzas, sólo en las manos del Señor podemos ir a puerto seguro, dejando el control de cualquier situación bajo Su completo señorío y soberanía.

Haciendo de nuestra casa un hogar

“Está atenta a todo lo que ocurre en su hogar, y no sufre las consecuencias de la pereza.”

Proverbios 31:27 (NTV).

Nuestro hogar es un regalo. Somos privilegiadas de poder tener un techo donde vivir y una familia a la cual amar y proteger, por tanto:

  • Cuida. Porque es donde atesoramos los momentos más hermosos junto a nuestros seres queridos. Es el lugar donde podemos preservar, cocinar y comer los alimentos que preparamos. Es donde podemos refrescarnos después de un día largo de trabajo y donde pasamos tiempo de calidad con nuestra familia/hijos, con nuestros esposos.
  • Organiza. Porque es donde podemos guardar nuestras pertenencias. Donde podemos recibir a nuestros amigos y familiares y donde podemos encontrar todo lo que necesitamos.
  • Disfruta. Porque es donde podemos refugiarnos y sentirnos seguros. Donde podemos descansar y sentirnos cómodos y porque es donde vives con los que más quieres.

Quiero animarte y que crezcamos juntas pues somos una comunidad de hermanas en Cristo y que hermoso es abrazar las verdades que nos acercan cada día mas a la plenitud de vivir de acuerdo a como el Señor nos diseñó y, qué bueno que tenemos Su palabra para guiarnos a toda verdad.

Les comparto este excelente recurso que las hermanas de “Aviva nuestros corazones” hicieron para enseñarnos consejos prácticos de cómo podemos ser Cuidadosas de su casa.

¡Que tengan una buena lectura! Dios les bendiga.

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