Orando la Palabra

Hace unos años leí una frase que decía: “Saber orar es haber leído bien la Biblia”. No recuerdo quién la escribió, pero lo cierto es que, esta frase envuelve una gran verdad, porque mientras más leemos la Biblia y aprendemos sobre Su autor, quién es Él, Su omnipotencia, omnisciencia, omnipresencia y el amor eterno con el que nos ha amado, nuestro acercamiento hacia Él por medio de la oración se volverá cada vez más estrecho y profundo, ya que la oración es “hablar con Dios” como nos enseñan desde pequeñas en la Iglesia.

Esta es exactamente una de las principales razones por la cual orar se nos hace tan tedioso, aburrido o repetitivo: no conocemos la Sagrada Escritura, ni Su autor. En la misma Biblia encontramos muchas oraciones que fueron elevadas al Dios Padre, y al leerlas podemos ver su gran contenido teológico sobre quien Él es, hacen mención sobre otros pasajes de la Biblia, al igual que tienen una estructura común.

En el Nuevo Testamento, tenemos grandes ejemplos de cómo orar, en especial las oraciones del mismo Jesús, quien disfrutaba conversar con Su Padre. En ese momento de la historia era normal que los rabinos escribieran oraciones para que sus discípulos las repitieran; pero los discípulos de Jesús lo habían escuchado varias veces orar y notaron que lo hacía con un profundo amor y anhelo de estar en comunión con El Padre, y le pidieron que les enseñara a orar, es ahí donde les muestra el “Padre Nuestro”, que es una oración guía, démosle un vistazo:

“Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.”

Lucas 11:2-4

De acuerdo con esta oración modelo, ¿qué debemos incluir en nuestras oraciones?

  1. Conocimiento de quién es Aquel al que hablamos, por esto la importancia de conocerle, aprender sobre Él y Sus promesas.

Padre nuestro que estás en los cielos….

  • Exaltación, adorar el Santo nombre del Señor, glorificarle por quien Él es, el único merecedor toda adoración, por los siglos de los siglos.

Santificado sea Tu nombre…

  • Rendición y obediencia, aceptar la obra del Señor en nuestras vidas y en todo lo que nos rodea. Él gobierna el universo y está en absoluto control de todo cuanto acontece.

Hágase Tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra…

  • Petición, con un pleno conocimiento de quién es Dios, de Su poder y soberanía y en completa dependencia, nos acercamos ante el trono de la gracia presentando nuestras necesidades y peticiones personales (y por los demás), confiando en que Él contestará a Su tiempo y en Su voluntad.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy…

  • Confesión, debemos ir delante de Dios con humildad y sinceridad, confesar nuestros pecados y pedir perdón, creyendo que Él es fiel y justo para perdonar y limpiarnos de toda maldad.

Y perdónanos nuestros pecados…

  • Súplica, ante Él alcanzaremos misericordia y hallaremos gracia para el oportuno socorro. Es una realidad que mientras estemos de este lado del cielo experimentaremos situaciones difíciles, pero Él ha prometido estar con nosotros hasta el fin del mundo, así que confiadamente podemos rogar por misericordia y Su cuidado.

Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.

Es importante recordar que esta es una oración guía, no necesitamos repetirla cada vez que nos dispongamos orar, pero sí es provechoso incluir estos elementos.

Otra gran herramienta, es acompañar nuestras oraciones con la lectura de los Salmos, guiarnos de ellos verso tras verso, y presentar nuestras propias peticiones, ¿cuál es la importancia de hacer esto? Al orar la Palabra nos aseguramos de que nuestras peticiones sean conforme a la voluntad de Dios y no conforme a nuestro corazón (el cual es engañoso), o para gastarlo en nuestros deleites y deseos egoístas. Nuestra manera de orar es un reflejo de lo que creemos y de lo que hay en nuestro interior.

Procuremos conocer más a nuestro Señor por medio de Su Palabra y que el estar en comunión con Él a través de la oración, sea nuestro mayor deleite día tras día.

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