El anhelo insatisfecho de ser madre.

A principios de año el equipo de El Atelier se estuvo reuniendo para discutir los temas que íbamos a tratar en los próximos meses. Hicimos una lista por mes y uno de los que surgió para el mes de mayo fue este, tema del cual no todas podían hablar y que de alguna manera por haberlo estado experimentando personalmente, era quien podía escribir al respecto, no sabiendo que antes de esto estaría embarazada. Por algunos cambios administrativos que tuvimos, al final no hicimos estas publicaciones previstas para el mes de mayo, pero creo que siendo este un tema sensible del cual no se habla mucho, es importante que sea abordado.

Compartiendo un poco de mi testimonio personal, me casé a los 22 años con un hombre de Dios, con el cual, por Su gracia, he tenido un hermoso matrimonio. Uno de los temores de las mujeres de casarse después de cierta edad es precisamente por el hecho de quizás no lograr tener hijos pronto, pero ese no era mi caso, me casé muy joven. Mi esposo y yo decidimos durar un tiempo sin buscar embarazarnos, pero cuando empezamos a intentar, para nuestra sorpresa, no lo lográbamos, a pesar de no haber una razón médica en ninguno de los dos. Todo eso fue muy difícil de entender para mí, no comprendía por qué, teniendo un buen matrimonio y deseando ser madre, simplemente no sucedía, conociendo y sabiendo la cantidad de personas que tienen hijos fuera del matrimonio o en medio de muchos problemas en sus relaciones. En todo este escenario, quedamos embarazados en el 2017, sin embargo, tristemente el embrión detuvo su desarrollo y lo perdimos, pero Dios usó todo esto para fortalecerme y llevarme a conocerlo más.

Mi deseo es poder edificarte con algunas de las cosas que el Señor me ha ido enseñando en este proceso.

Él es Soberano.

Dios sabe lo que está haciendo y en este proceso me ha demostrado que quien está en control de la vida es Él. No había tenido hijos porque en Su soberana voluntad y por Sus propósitos en mi vida, había escogido retener esto. Tenía que descansar en que Él es bueno y no estaba tratando de torturarme, pero sí de enseñarme de Su dominio sobre todas las cosas y de mi necesidad de rendir mis anhelos y mis planes a Él, tenía que amar Su voluntad y confiar en Él. Se trata de Dios, de Su plan perfecto y no de mí. Él ve mucho más allá que nosotras y teje cada hilo de nuestras vidas para cumplir aquello que previó y que el final es lo que traerá frutos para Su gloria y para nuestro bien.

Debemos abrazar la soberanía de Dios en nuestras vidas y no abordarla con un corazón lleno de amargura y quejumbroso. Confiemos en Él, descansemos Él y dejemos los resultados en Sus buenas manos. (Salmos 46:10).

Ser madre no es lo que dará plenitud a nuestras vidas.

El deseo de ser madre es totalmente legítimo y natural, fuimos diseñadas para esto, pero debemos poner nuestras expectativas en el lugar correcto. Podemos disfrutar de todas las cosas que el Señor creó, como son el matrimonio y la maternidad, pero el fin de todo esto no es completarnos, nada en esta tierra, fuera de Cristo, nos satisfará totalmente (de alguna manera abordé esto en mi último artículo). No podemos ver a un hijo como aquello que necesitamos para ser felices, para llenar un deseo de nuestro “check list”, esto es totalmente egoísta y además idolátrico. La plenitud de la vida está en Dios, y si ponemos las expectativas de nuestra felicidad en cualquier otra cosa fuera de Él, estaremos fundamentándolas en lugares inestables.

El fin de tener hijos para los creyentes debe ser el de dejar un legado de fe en la tierra y para esto deben tener la conciencia de que los hijos no son suyos, sino para el Señor.

Hay esperanza.

No existe una promesa que diga que todas las creyentes necesariamente serán madres, y debemos tener mucho cuidado de afirmar tal cosa, a veces la voluntad de Dios pudiera ser que una hija suya no conciba hijos biológicos y lo que Él haya determinado es para bien, sin embargo, podemos seguir orando a Dios hasta tener Su respuesta, sea cual sea. La oración es el medio que Dios nos proveyó para que le externemos nuestras peticiones y anhelos en un acto de fe, confiando en que Él nos escucha y nos responderá, no siempre exactamente lo que queremos, pero responderá. Dios es poderoso y no hay nada imposible para Él (Lucas 1:37), así que a pesar de cualquier pronóstico, si Él determinó darte un hijo, lo hará. Lo importante es recibir Su respuesta con gozo y la fe de que Él nos tiene sostenidas en Su mano y que Su voluntad es buena para nosotras.

Hoy puedo escribir este artículo mientras recibo las patadas de un niño que crece dentro de mí y que estaremos dando a luz, si Dios lo permite, en el mes en que cumpliremos 7 años de casados. Dios contestó mis oraciones y me ha permitido concebir, pero mi mayor deseo es que Él cumpla Sus propósitos en este hijo y que nos permita ser buenos mayordomos de esta bendición, este hijo es para Él, todo se trata de Él y eso es lo que en verdad importa.

Escrito por

Sierva de Cristo, por la gracia de Dios y esposa de Julián Musa. Amante de la Palabra de Dios y de adorarle a través del canto. Miembro de la Iglesia Cristiana Oasis. Licenciada en Administración de Empresas de profesión y colaboradora en el ministerio de Compassion International en República Dominicana.

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