Un Padre que te ama

“Amar y ser amada”, esa parece ser “la cuestión” de nuestras vidas como mujeres, y es que fuimos creadas con un hermoso diseño cuya tendencia es crear vínculos, dar y recibir afecto y vivir con las emociones a flor de piel.

Muchas veces buscamos el amor como una persona sedienta busca el agua, ser amadas es constantemente una necesidad femenina diaria. A menudo nos encontramos soñando despiertas con la idea de ser admiradas por un amable caballero que llene nuestras vidas de detalles y realice maravillosas hazañas como prueba de su amor, tal y como en un cuento de hadas.

Nuestro corazón anhela ardientemente demostraciones de amor mediante grandes sacrificios, que nos hagan sentir la mujer más especial del universo. El problema no es querer ser amadas, sino cómo estamos definiendo el amor y dónde lo estamos buscando.

Por mucho tiempo solía sentirme triste por la llegada del “mes del amor”, el 14 de febrero era uno de los días del año más odiados por mí, simplemente porque, al encontrarme soltera, ese día “nadie” me haría sentir especial, no recibiría flores ni chocolates como una prueba de amor por parte de un chico. No luciría un vestido nuevo, preferiblemente rojo, para ir a una cena elegante que “celebrara” el amor entre dos, en conclusión, ese día me sentía poco amada y poco especial y deseaba que el calendario saltara del día 13 directamente al día 15.

Con el paso del tiempo y a medida que voy conociendo más a Dios y Su Palabra, he podido comprender que mi concepto del amor estaba totalmente errado y que los lugares en los que realizaba mi búsqueda eran completamente equivocados, muchas fueron mis decepciones por pretender encontrar el amor fuera del Verdadero Amor.

La Palabra de Dios nos dice en 1 Juan 4:8-10: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”.

Analizando estos versos, podemos entender algo esencial: Dios ES amor en Sí mismo, no es que tiene un poco de amor para dar, sino que Él es amor, por esto podemos confiar en que Su amor es una fuente que nunca va a agotarse.

Estos versos también nos señalan que nuestro Dios es ese galán que nuestras almas necesitan, Aquel que demostró Su amor por ti y por mí mediante el sacrificio más grande: enviar a Su único Hijo en propiciación por nuestros pecados.  “El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas?”.  (Romanos 8:32)

Si al igual que yo pensabas que el amor se trataba de cosas materiales, flores y chocolates, estabas equivocada. Dios es ese amor que tanto buscamos, que tanto necesitamos, nuestro amado Padre Celestial ya nos amaba, no fue necesario lucir atractiva o llamar Su atención, Él nos amó primero, Él nos demostró Su gran amor sin nosotras merecerlo, Él nos llamó para conocerle y para amarnos.

Antes estábamos muertas espiritualmente, pero por el amor de nuestro Padre ahora estamos vivas y somos invitadas especiales a los lugares celestiales, no creo que ningún restaurante, por más fino y costoso que sea, pueda competir con eso. “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús”. (Efesios 2:4-7)

Es posible que en algún momento te hayas sentido poco o para nada amada, que nadie nunca ha hecho nada bonito por ti, que no eres especial para nadie. Tal vez has tenido un pasado difícil lleno de carencias afectivas, aquel que decía amarte te falló y maltrató, las flores se marchitaron y los chocolates se derritieron, de la misma manera en que lo hicieron aquellas promesas de amor, lastimando profundamente tu corazón.

Hoy es tiempo de que abras tus ojos y puedas ver y creer que eres altamente amada y profundamente valorada por Aquel que te creó, por Aquel que entregó su Hijo amado para que tú y yo podamos ser redimidas y santificadas para estar en Su presencia. “Ya que eres precioso a mis ojos, digno de honra, y yo te amo, daré a otros hombres en lugar tuyo, y a otros pueblos por tu vida.” (Isaías 43:4)

Corre hoy a la fuente de amor inagotable que brota para ti, refúgiate con confianza en los brazos de tu Padre Celestial que te ama con amor eterno. “Desde lejos el SEÑOR se le apareció, diciendo: Con amor eterno te he amado, por eso te he atraído con misericordia.” (Jeremías 31:3)

Escrito por: Carolina Polanco

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