¿Tú puedes y te lo mereces?

Hay un pintoresco personaje en las redes sociales que ha puesto famosa la frase “porque puedo y me lo merezco”. He escuchado varias de mis amigas usar esta frase en medio de cualquier conversación. Debo admitir que casi siempre resulta chistoso el popular dicho en situaciones de la vida cotidiana.

“Porque puedo y me lo merezco”. Si profundizamos un poco de forma seria en esta frase, que pudiera parecer inofensiva y que no tiene nada de malo en sí misma, nos daremos cuenta de que lo que es malo o peligroso es lo que pensamos honestamente acerca de esa afirmación.

El primer verbo en cuestión es “poder”, “yo puedo”, “tú puedes”. Dios le ha dado al ser humano la capacidad, las habilidades y el raciocinio para hacer innumerable cantidad de cosas. Dios le otorga al individuo la inteligencia, la fuerza, el talento, la salud, etc., para desempeñar un sin fin de tareas. Hay un común denominador en todo esto: es Dios quien entrega al hombre la capacidad para poder lograr todo aquello que alcanza, es por Él que podemos hacer las cosas, es de Él que viene la fuerza.

Jesús dijo: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de mi nada podéis hacer. Si alguno no permanece en mí, es echado fuera como un sarmiento y se seca; y los recogen, los echan al fuego y se queman.” Juan 15:5-6.

Estos versos me recuerdan que “yo puedo”, pero a través de Cristo, así que, si digo tal afirmación, en mi corazón debe estar la convicción de que es por Jesucristo que puedo. Por algo Filipenses 4:13 dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Cristo es el que permite que yo pueda y Él es quien debe llevarse el crédito de las cosas que logro hacer.

Hay algo adicional respecto al tema de “yo puedo”: La Soberanía de Dios. Salmos 135:6 dice “Todo cuanto el Señor quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos”. Por si acaso se nos estaba olvidando, Dios es soberano y hará lo que Él quiera cuando Él quiera, independientemente de lo que digamos que podemos hacer.

Otros versos que confirman esto son:

Apocalipsis 3:7. “Y escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: “El Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie cierra, y cierra y nadie abre.”Proverbios 19:21 (NTV): “Puedes hacer todos los planes que quieras, pero el propósito del Señor prevalecerá.”

Debemos entender que nuestra capacidad está controlada por Dios y que lo que podemos hacer es gracias a Él, es si Él nos lo permite.

Vamos con el segundo verbo: Merecer. “Yo me merezco”, “Tú te mereces” …. En un artículo anterior precisamente hablábamos de lo que a veces el ser humano considera que merece y cómo la sociedad y la publicidad nos han vendido la idea de que nos merecemos lo mejor. Es cierto, nos merecemos lo mejor por la dignidad que tenemos como seres humanos, pero lo mejor ¿En función de qué?  ¿Cuál es tu punto de partida para establecer lo que tú mereces?

El punto de partida de todo cristiano debe ser la Palabra de Dios y ésta nos dice que por cuanto todos pecamos estamos destituidos de la Gloria de Dios (Romanos 3:23). Para iniciar, no tenemos aval ni siquiera para estar cerca de Dios, porque Dios es Santo y todos hemos pecado. “La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.” (Romanos 6:23), o sea, que lo que merecíamos originalmente era morir, pero por el sacrificio de Jesucristo la muerte ya no puede apartarnos del Señor.

Dios nos regaló a través de Jesús la salvación de nuestra alma, el regalo más valioso que puede recibir un ser humano sobre la faz de la tierra. Luego de la salvación todo lo demás que el Señor nos da (familia, techo, alimento, vestimenta, trabajo, salud, paz, etc.) son puras añadiduras, ya Él nos dio lo más grande, a Su Hijo. Aun así, diariamente pecamos y necesitamos Su perdón, el cual recibimos siempre que nos arrepintamos.

¿Cómo pues podemos creernos merecedores de algo más? ¿Cómo nos atrevemos a exigirle a Dios que nos de ciertas cosas que nos faltan? ¿Con qué cara? No estamos diciendo que Dios no contesta nuestras peticiones, Dios lo hace, Dios es bueno y según Su voluntad y tiempo nos responde y hasta excede nuestras expectativas, mucho más de lo que merecemos. Lo que no debemos hacer es tener una actitud de exigencia ante Dios ni ante los demás por creernos “merecedores” de una u otra cosa.

Dice Mateo 23:12 que “el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.” Si hemos trabajado arduamente por algo tengamos la confianza de que Dios premiará nuestro esfuerzo, nos bendecirá y si le amamos todo obrará para bien. Mantengamos la humildad teniendo presente que es por Su gracia y misericordia que estamos en pie y que todo lo que hagamos debe ser para Su Gloria.

Todas las cosas que podemos hacer en esta vida son porque Dios nos las ha permitido, Él es el que abre y cierra las puertas. Si Dios te tratara en función de todas las veces que le fallas, no estarías leyendo este artículo, estarías perdida en la vida o quizás muerta. Sin embargo, la gracia, la misericordia y el favor de Dios nos han alcanzado y hoy podemos lograr todas las cosas a través de Él.

Dios te bendiga.

 

Escrito por

Salva por gracia. Amante de la música y el canto. Publicista, amante de los postres.

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