Lea, el favor de Dios más allá del menosprecio

El menosprecio es definido como “la actitud negativa, frente a una cosa o persona, consistente en concederles menor valor o importancia del que merecen. Es el desprecio o desdén hacia algo o alguien.” El menosprecio es sinónimo de subestimar, de presentar burla, rechazo, y desprecio.

Sin embargo, en Dios no encontramos ni lo más mínimo de la descripción anterior: encontramos Su favor y podemos hablar de Su gracia y de Su misericordia para con nosotras.

En el antiguo testamento, el pueblo de Israel vivía sobre y bajo el favor del Señor cada día. Muchos de los personajes que conocemos de estas narrativas vivieron momentos muy difíciles; sin embargo, en medio de sus circunstancias el Señor les sustentaba.

El favor de Dios puede venir acompañado de muchas bendiciones espirituales, de su llenura y plenitud por medio del Espíritu Santo; también puede ser de aquellas bendiciones tangibles, las que son prosperadas por el fruto del trabajo, pero de manera grandiosa. Por consiguiente también, encontramos la gracia para con los hombres, como es el vivo ejemplo de Jesús en su niñez (Lucas 2:52), de José (Génesis 39:2-3), o de Daniel (Daniel 1:9).

Dicho esto, en el artículo de hoy vamos a recordar la historia de Lea, que describe muy bien lo que es vivir bajo el favor de Dios en medio de ser menospreciada, en este caso por su propia familia. Me encantan las historias como las de Lea, porque vemos que Dios no obra como lo hace el hombre.

Recordemos un poco sobre el trasfondo de Lea y por qué nos es de mucha enseñanza. El relato lo encontramos en Génesis 29:13-34 y Génesis 30:9-21, el cual voy a parafrasear de manera breve y precisa para resaltar los puntos más relevantes para este artículo y la situación en que Lea se encontraba:

  • Menospreciada por su apariencia física. ( 29:16-18)

Lea, era la mayor de dos hijas de Labán. Jacob entra en escena y él se enamora de su hermana menor, Raquel, que la Escritura dice era preciosa, hermosa. Raquel era una mujer atractiva mientras dice la Escritura que los ojos de Lea eran débiles. Al parecer, no era tan hermosa como su hermana menor Raquel y, también puedo asumir que no era tan joven.

Así que Jacob se enamora de Raquel, la bella y hace un acuerdo con su padre, Labán, de trabajar durante siete años a cambio de Raquel como esposa. Labán engaña a Jacob, y en su lugar, después de haber concluido los siete años de trabajo, en la noche de bodas, le da a Lea por mujer. Jacob tuvo una gran decepción al ver que la mujer por la que tanto espero, no estaba junto a él ese día. Entonces, a cambio de otros siete años de trabajo, Labán le entrega a su hija Raquel también como esposa. Labán hizo un excelente trabajo, según él, al matar dos pájaros de un solo tiro.

  • Menospreciada por su ahora esposo. ( 29:30)

Dicen las escrituras que Dios vio que Lea era rechazada (por su esposo que no la amaba) y la bendijo con muchos hijos. Mientras va teniendo sus hijos, ella aspira a que por ser muy fértil, lograría que Jacob la mirara como miraba a su hermana Raquel. Ella está tratando de llamar la atención y obtener el afecto de su esposo. Lea estaba tratando de encontrar plenitud y satisfacción por su desempeño.

  • Menospreciada por su hermana Raquel ( 30:1-2)

A pesar de que Lea no tiene mucha belleza, ni recibe mucho amor de Jacob, por la misericordia de Dios, Lea concibe y cría hijos mientras que Raquel sufre por la infertilidad. Aunque Jacob derrama todo su amor en su amada Raquel, ella envidia a su hermana Lea y sufre el descontento de no tener hijos todavía. Lea tiene una matriz fructífera. Raquel no.

 El favor de Dios para con Lea

Mientras Lea se sentía desdichada por no lograr el anhelo de su corazón, que era ser amada por su esposo, e intentaba con muchas ansias llamar su atención dándole hijos, ignoró por completo disfrutar de las bendiciones y el favor de Dios para con ella. No se percató de esto solo hasta después de tener su cuarto hijo, y pudo reconocer el favor de Dios y aprobación, porque en esos días, el tener hijos estaba conectado en un sentido a tener el favor de Dios.

 “Concibió una vez más y dio a luz un hijo, y dijo: Esta vez alabaré al Señor; así que le puso por nombre Judá; y dejó de dar a luz“. (v. 35)

Jacob prefirió a Raquel porque la amaba más, sin embargo, Dios escogió a Lea para amarla de una forma muy especial y le dio una tarea muy significativa, aunque ella se sentía despreciada. Un día Dios rescataría al mundo a través de su familia, de su descendencia. Cuando Lea entendió el propósito de Dios con su vida ya no le importó ser menospreciada pues, Alguien más importante la había escogido, la quería con un amor que nunca se acaba, que no se da por vencido y es para siempre.

¿Sientes que no eres lo suficientemente valorada? ¿Tal vez tienes un amor no correspondido? ¿No tienes el trabajo soñado? ¿No eres tomada en cuenta en tu congregación para servir en X o Y? ¿Quizás has pensado que lo que Dios te da no es suficiente?

Relatos como estos en las Escrituras están destinados a ayudarnos a vernos a nosotras mismas, a ver nuestros propios corazones, a mostrarnos el vacío y la inutilidad de mirar o apoyarnos en cualquier persona o cosa en este mundo como la base de nuestro sentido de valor, nuestra seguridad o nuestro bienestar. En última instancia, esta historia y otras en las Escrituras, tienen la intención de señalarnos a Cristo, cuyo amor y aceptación por sí solos pueden hacernos mujeres seguras y satisfechas, porque pueden satisfacer nuestras más profundas necesidades y anhelos.

Nosotras somos muy favorecidas por el Señor, tomemos un momento para enumerar todas aquellas bendiciones que Dios nos ha galardonado, y mas allá de anhelar aquellas cosas que entendemos nos faltan y que no nos dejan apreciar el favor, gracia y misericordia de Dios para nosotras todos los días, seamos más agradecidas para con El. Volvamos nuestros ojos y atención hacia El. Un abrazo, ¡Dios te bendiga!

Algunas referencias tomadas del libro: “Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres”, tema: Mentiras que las mujeres creen acerca de ellas mismas. Por Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Escrito por

Hija de Dios por gracia, esposa de Claudio y madre de Zoeh. Apasionada por alentar los valores socio espirituales en la familia y matrimonios. Administradora de Empresas de profesión, dedicada al cuidado de su hogar.

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