Como debemos orar (2da parte)

¡Vamos a orar! Padre nuestro que estas en los cielos… esa era la frase introductoria de mi oración. Siendo pequeña aprendí a orar la oración del Padre Nuestro de memoria. Fue una de las experiencias más maravillosas de mi niñez siendo ya cristiana, porque me permitía seguir un patrón por medio de la memorización y lograr cumplir un objetivo. Podía sentir que había llenado un requisito. Con el paso de los años y en la misericordia del Señor aprendí que esta oración modelo, era lo que me iba a guiar al modelo de vida de oración que el Señor Jesús quería que experimentara.

Vosotros, pues, orad de esta manera: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan nuestro de cada día. Mateo 6:9-11

Cada una de las partes de esta oración nos va llevando de la mano por una escalera hacia una comunión de intimidad y confianza con nuestro Señor.

La frase inicial: “Padre nuestro” denota una fuerza intencional de nuestro Señor sobre cómo debería ser la experiencia de vida de la oración comunitaria. Apunta a un plural (NUESTRO) como sugiriendo una oración en común con otros creyentes. Enfoca hacia un Dios suficiente para todos. Un Dios que atiende a un clamor en múltiples direcciones, necesidades y deseos. Un Dios omnipotente. Indican por demás nuestra dependencia de Dios. Reconocemos su gobierno sobre nuestras vidas.

Luego somos guiados a alabar a Dios por sus proezas ¨santificado sea tu nombre¨ es la parte donde nos lleva a reconocer su grandeza, su Santidad, sus atributos. Nos motiva a mirar a Dios y a ampararnos en la belleza de su santidad. Sin embargo, una de las cuestiones que salen a relucir en nuestra vida de oración, es la cantidad de veces que nos encontramos luchando con nuestro egocentrismo. Constantemente queremos inclinarnos hacia nosotras mismas. En vez de esto, lo que se supone es que debamos inclinarnos ante el Santo que nos ha llamado para ser santificadas.

Cuando la oración modelo dice ¨venga tu reino¨ nos está instruyendo a aceptar los preceptos del Señor sobre nuestras vidas, es la parte donde pedimos que se hagan real en nosotras por medio de la oración. Debemos clamar y procurar esto. Día a día, intencionalmente buscar vivir bajo los paradigmas del reino de los cielos. Cuando oramos, la obra del reino avanza en nuestras vidas y en las de los que están a nuestro alrededor. Por lo tanto, la oración nos brinda la oportunidad de intervenir poderosa, efectiva y positivamente en este mundo y ser colaboradoras del avance del reino.

La oración sigue su curso y nos lleva a una parte hermosísima ¨hágase tu voluntad¨ ¿Cómo sabemos cuál es la voluntad de Dios cuando oramos?  Debemos, como creyentes, procurar la voluntad perfecta del Señor. En ese sentido debemos procurar envainar nuestras oraciones en la vaqueta de la palabra de Dios. Si de antemano sabemos sus mandamientos, y nuestras peticiones están relacionadas con algunos de ellos, nuestro deber es enfocar nuestra oración, que se cumplan en nuestras vidas tal cual está escrito en su palabra respecto a esa necesidad que estamos presentando. Por eso el conocimiento de la Biblia es una ayuda extraordinaria a la hora de orar. Orar la palabra es definitivamente orar para que se haga Su voluntad en nuestras vidas.  En la historia de la iglesia primitiva, los cristianos usaban las escrituras para guiar sus oraciones. La memorizaban, la meditaban y la oraban. Muy probablemente estaban siguiendo la instrucción de nuestro Señor Jesucristo, porque dice: si permanecen en mi y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá (Juan 15:7)

Danos el pan de cada día, así como los hijos esperan que sus padres provean para ellos lo necesario, Dios quiere enseñarnos que debemos depender de él en todo, que miremos a él por medio de la oración. Aun cuando tengamos trabajo, tengamos nuestra despensa llena, nuestro closet full, nuestra cuenta bancaria con dinero, debemos acudir a Dios en oración. Con todo este telón de posibilidades de fondo, se hace muy difícil, por no decir imposible, que alcemos nuestra mirada en oración. ¿Por qué? Porque sencillamente tenemos nuestras necesidades cubiertas con nuestro ¨esfuerzo¨. Pareciera que no fue necesaria la intervención del Señor. La palabra nos enseña que Dios es el que da las fuerzas para producir las riquezas. Así que todo comienza con él y termina con él.

Te invito a que nos acompañe el próximo Lunes con la ultima entrega de este artículo. Si no has leído la primera parte, aquí te dejo el enlace. ¡Dios te bendiga!

Escrito por: Viannelys Roman de Oller

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