Cómo debemos orar (1ra parte)

Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Y al orar, no uséis repeticiones sin sentido, como los gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería. Por tanto, no os hagáis semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes que vosotros le pidáis. Mateo 6:5-8

Cuando ores…esta expresión supone un hecho: la vida de oración. La realidad es que no todas hemos alcanzado la vida de oración que deberíamos. Y es que, si de una vez por todas fuéramos atraídas por una admiración irresistible hacia nuestro Dios, la oración viniese a ser esa experiencia de asombro e intimidad a la cual acudiríamos corriendo vez tras vez. Pero muchas estamos luchando con nuestra realidad. Nos encontramos luchando día a día con nuestra naturaleza caída que nos invita incesantemente a hacerlo de la manera que precisamente el texto nos invita a no hacerlo: como los hipócritas. En el contexto del capítulo 6 de Mateo, es la segunda vez que el Señor menciona esa palabra (hipócrita). Esto es importante.

No seas como los hipócritas…Para muchas no es una novedad el saber que la palabra hipócrita tuvo su origen en el teatro griego. En él las personas usaban unas máscaras para actuar. La forma como esta palabra es usada en el Nuevo Testamento es haciendo alusión a aquellos que no han nacido de nuevo, los que no han experimentado la regeneración espiritual en sus vidas y que, por lo tanto, con sus actos lo que hacen es engañarse a sí mismos; e intentan engañar a otros, incluido Dios. Solo los nacidos de nuevo pueden tener este privilegio de comunión o comunicación con el padre. Dios nos ha provisto la oración para ello.

El enfoque del texto, hacia dónde nos quiere llevar el Señor en esta exigencia, es a una oración que no busque el elogio. En ese sentido el pastor John Piper dice que:

Debemos estar claros que nuestra recompensa de la oración viene de Dios, no del hombre. Jesús apunta que el corazón humano es capaz de convertir el acto más hermosamente dirigido a Dios en uno dirigido al hombre y arruinarlo.

De ahí la advertencia del versículo 5.

Jesús no quiere nada con la hipocresía. Ella nos invita a fingir, a aparentar, a hacer creer, a engañar. En el fondo, la hipocresía busca el elogio del hombre, por ello la declaración del Señor: Ya tienen su recompensa. Eso es lo que buscan aquellos que no han experimentado el verdadero gozo de una oración genuina que busca atesorar a Dios en vez de atesorar lo que los hombres puedan decir al escucharlos orar. El que ha conocido verdaderamente a Dios, ora con un corazón quebrantado, no para ser oído, ni buscando ganar la buena opinión de la gente, ni tratando de sumar gracia a su reputación, sino en una búsqueda del tesoro que no le será quitado.

Mas tu cuando ores… cómo debemos orar: Dios conoce todo. Y ante su presencia no hay nada que quede oculto. De hecho, el autor de Hebreos en el capítulo 4:13 declara que…

no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.

Esta palabra que se traduce “abiertas”, usada básicamente en el NT, según el comentarista John MacArthur, tiene un significado relacionado con una víctima que exponía su cuello para ser decapitada. Y muy probablamente por el versículo anterior, Hebreos 4:12, que habla de la palabra como espada, se motivó el uso o inclusión del termino. Ante su presencia todo esta descubierto. Su palabra ha declarado lo que él espera de nosotras y cómo debemos venir ante él. Así que, ¿cómo debemos de orar? sabiendo que no podemos ocultar nada en su presencia. Siendo sinceras, abiertas, sabernos descubiertas delante de aquel que conoce todo.

Entrando en tu aposento…Definitivamente todas tenemos formas de orar y en ello no hay fiscalización alguna. Lo que está claro es que el texto nos hace un llamado a la intimidad. Nuestro Dios es un Dios personal e íntimo. Es clara la instrucción del Señor respecto a cómo orar, así como también dónde orar. Wayne Grudem, explica que “hay sabiduría en la amonestación del Señor Jesús de orar en lo secreto”. Él explica que esto nos ayudará a evitar la hipocresía de querer orar para que oyéndonos otros, modifiquemos nuestras oraciones y las amoldemos a lo que ellos quieren oír. Cuando estamos en esta intimidad a solas con Dios, sale o debe salir una oración de humillación, en reconocimiento de nuestros pecados, de nuestra condición y en reconocimiento de su santidad. Entonces, así podemos derramar genuinamente nuestro corazón ante él.

Y orando… en la acción con todo lo anterior de la mano, descubrimos que una de las formas en las que debemos orar es por medio de la palabra. Meditar la palabra. Saber y entender lo que significa. Permitir que penetre nuestra alma, nuestros pensamientos. Nuestras intenciones y que las cambie. Haciendo así, de forma ingeniosa, dice Lutero, “te obligas a salir del plano de lo teórico para considerar la verdad bíblica sobre la que estás reflexionando… te llevará a alabar a Dios, a arrepentirte y a cambiar tu corazón”. Es en esa intimidad, cerrada nuestra puerta, para evitar distracciones, donde ocurre el poderoso milagro de la intimidad. Nos continúa explicando Lutero que “te ayudará a poner a Dios en cada imagen, pues Él sazonará tus pensamientos y sentimientos, te alentará cuando estés desanimado y te humillará cuando seas exitoso”.

No debemos hacer repeticiones irreflexivas. Muy por el contrario, debemos ser muy conscientes de lo que decimos. No debemos pensar que, por el uso de palabras mecánicas, formales, estructuradas o creadas por otros, las que muchas veces son carentes de expresividad, vamos a lograr algo. O que, en su defecto, por el hecho de usar palabras rebuscadas con un profundo significado teológico con ello vamos a ganar el favor De Dios. ¡No mis hermanas! Se trata de un asunto del corazón. De las palabras que brotan de un corazón que ha entendido y conocido al Dios a quien ora.

porque vuestro padre sabe de qué cosas tenéis necesidad…

Dios es Omnisciente. Él conoce cada cosa que necesitamos y anhelamos. He aquí no esta la palabra en mi boca, y he aquí tú la sabes toda, Salmo139:4.  Pero aún así quiere que vengamos a hablarlo con él. Dios conoce todo. Nuestro Dios quiere que oremos, no porque ignora nuestras necesidades, sino porque la oración es el medio que él ha provisto para que manifestemos nuestra dependencia de él. Es un medio que él usa para que aumentemos nuestra confianza en él, en sus bondades y misericordias sobre nuestras vidas. Esta dependencia redunda en una vida rebosante en confianza y fe e indica que estamos genuinamente convencidos de su sabiduría, amor, bondad, soberanía providencia y poder sobre nosotras.

Escrito por: Viannelys Roman de Oller

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