Bienaventurados los pacificadores

Mateo 5:9  (RVR1960)

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.”

 Si buscas la palabra pacificador en el diccionario, podrás encontrar definiciones como “que no fomenta la discordia”, “que está en paz, sin guerras ni disturbios”. Estas definiciones no son incorrectas, pero lo que significa ser pacificador en el contexto de nuestra bienaventuranza de hoy es mucho más profundo y tiene más implicaciones.

Me encantó una definición que encontré en el blog de Desiring God, escrita por Dustin S. La definición original está en inglés, así que tuve que traducirla:

“Un pacificador es alguien que experimenta la paz de Dios (Filipenses 4: 7) porque está en paz (Romanos 5: 1) con el Dios de paz (Filipenses 4: 9) a través del Príncipe de paz (Isaías 9: 6), quien, de hecho, es nuestra paz (Efesios 2:14), y que, por lo tanto, busca vivir en paz con todos los demás (Romanos 12:18) y proclama el evangelio de la paz (Efesios 6:15) para que otros puedan tener gozo y paz en el creer (Romanos 15:13).”

Teniendo esta definición como una referencia, quisiera que continuáramos desglosando el tema con los siguientes puntos:

Podemos experimentar la paz de Dios, porque estamos en paz con Él por medio de Cristo

Nosotras éramos enemigas de Dios (Romanos 5:10), pero Cristo fungió como un embajador de parte de Dios y medió para que pudiéramos restaurar nuestra relación con Él y reconciliarnos con nuestro Creador. Ahora estamos en paz con Dios y no sólo eso, sino que también podemos experimentar Su paz que está ligada a todo el bienestar y la bendición que Él derrama en nuestras vidas y disfrutar de la plenitud de una relación estrecha e íntima con Él.

Estar en paz con Dios también trae como fruto el procurar la paz con nuestro prójimo y una relación armoniosa con los que nos rodean.

Dios es la fuente misma de la paz, por tanto, si estamos en Él tenemos seguridad de que nunca nos faltará. Aún en los momentos de mayor angustia, podemos acudir a Él con la confianza de que nos proveerá la medida necesaria para lidiar con las aflicciones de este mundo.

Somos embajadoras de Cristo y tenemos el ministerio de la reconciliación

Un pacificador media entre dos partes para que haya una reconciliación, nosotras somos representantes de Cristo y así como fuimos llamadas de las tinieblas a Su luz admirable, somos comisionadas a hablar a los demás de Sus virtudes (1 Pedro 2:9) y de lo que Él hizo para restaurar la relación de la humanidad con Dios.

Veamos como lo afirman los siguientes textos:

2 Corintios 5:18-20  (LBLA)

18 Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 a saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios!

 Romanos 10:15 (LBLA)

15 ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: ¡Cuan hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien!”

Efesios 6:15 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

 “y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.”

El tener conciencia de la condición y destino eterno de la humanidad sin Dios debería cargar nuestros corazones y empujarnos ejercer este hermoso ministerio que nos ha sido encargado por nuestro Salvador.

Ser pacificadoras nos hace mostrar el carácter de Dios y por eso seremos llamadas Sus hijas

Sabemos que somos hijas de Dios mediante la fe en Cristo (Gálatas 3:26), pero a lo que se está refiriendo esta bienaventuranza es a que ser pacificadoras es ser un reflejo del carácter de Dios. Es como cuando ves a un bebé que es una fiel copia de su papá, no lo puede ocultar, el parecido es muy evidente. Así mismo, cuando por la obra de Su Espíritu en nosotras tenemos un carácter pacificador, testificamos de Él, de Su naturaleza, de Su gracia y por esos seremos llamadas hijas Suyas. ¡Mírala, es igual a su Padre!

Preguntas para reflexionar:

  • Habiendo leído el contenido anterior, ¿tienes la total certeza de que estás en paz con Dios por medio de Cristo?
  • ¿Puedes testificar de la paz de Dios en tu vida?
  • ¿Estás desempeñando tu rol como embajadora de Cristo, proclamando el evangelio de la paz y anhelando que como tú, otros también se reconcilien con Dios?
  • ¿Te describirían los demás como una persona pacificadora?
  • ¿Es evidente en tu carácter que eres hija de Dios?

Que el Señor nos ayude a ser un reflejo Suyo, para que Su nombre sea glorificado.

 

 

Escrito por

Sierva de Cristo y esposa de Julián Musa. Amante de la Palabra de Dios y de adorarle a través del canto. Licenciada en Administración de Empresas de profesión y colaboradora en el ministerio de Compassion International en República Dominicana.

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