La Santificación, un proceso del cual Dios nos hace partícipes.

En las últimas publicaciones de El Atelier hemos estado hablando de la obra de Cristo y de cómo Él es nuestra redención, la propiciación por nuestros pecados, quien nos justifica y nos reconcilia con Dios (puedes encontrar todos estos artículos en nuestro blog) y hoy queremos hablar del proceso que evidencia la obra de Cristo en nuestras vidas, esto es la santificación.

La santificación no es más que el estado de ser apartadas para Dios y separadas del pecado, una vez hemos sido salvados y limpiadas por Él.

En este sentido, quisiera que viéramos algunos puntos relevantes acerca de lo que la Biblia enseña sobre la santificación.

Somos santos por posición

Una vez creímos en Cristo por la fe, le confesamos como nuestro Señor y Salvador y nacimos de nuevo por Su Espíritu, Su santidad y justicia nos fueron transferidas y Dios nos ve a través de Él. “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención.” 1 Corintios 1:30.

Cuando leemos la carta del apóstol Pablo a los corintios podemos ver cómo se refiere a ellos como “los santificados…llamados a ser santos” (1 Corintios 1:1-2). Sin embargo, si nos adentramos en la carta podemos notar todas las situaciones de pecado con las que esta iglesia estaba lidiando, lo cual es una de las razones por las que Pablo escribe esta carta, para llamarlos al orden y a la santidad.

La santidad pone en evidencia si verdaderamente estamos en le fe

No es posible que quien haya nacido de Dios practique el pecado de manera deliberada, nadie en quien more el Espíritu Santo vive en el pecado sin ningún tipo de dolor ni arrepentimiento. En 1 Juan 3:8-10 podemos ver con la drasticidad que el apóstol habla al respecto: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.”

¿Quiere esto decir que si somos de Dios no pecamos nunca? No, si fuéramos capaces de esto no necesitaríamos al Salvador. Pero la persistencia y el deleite en el pecado, sin retroceder de él ponen en evidencia que hay un problema con la autenticidad de nuestra fe.

En 2 Corintios 13:5, Pablo le hace un llamado a la iglesia a examinarse y ver si verdaderamente están en la fe. Este llamado es para nosotras también. Si pecar contra Dios no nos produce dolor ni tristeza, si ser confrontadas por prácticas que no le agradan no produce un volvernos de nuestro pecado, si vivir de acuerdo a Su Palabra no es nuestro anhelo y nuestra prioridad, lamentablemente, la Biblia dice que no somos de Él.

Tenemos responsabilidad en el proceso de santificación

Todo lo que hoy somos es por la gracia de Dios y por la obra regeneradora de Su Espíritu en nosotras, sin la cual no sería posible ser apartadas para Él, sin embargo, en la santificación cooperamos con el obrar de Dios y tenemos responsabilidad en nuestro crecimiento en santidad.

Hebreos 12:14 dice: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” y 1 Pedro 1:14-15 dice: Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” Estos son llamados imperativos.

Como cristianas debemos perseguir y poner diligencia en ser santas, mujeres que aman a Dios y Su Palabra y la obedecen. La Biblia nos manda a hacer morir lo terrenal en nosotras (Colosenses 3:15), por tanto debemos arrancar esa “mala hierba” que obstaculiza el crecimiento de buenos frutos en nuestras vidas. Para esto debemos ser intencionales en apartarnos y en ocasiones literalmente huir de todo aquello que no agrada a Dios.

 La santificación es un proceso

Crecer en santidad es un proceso. Alguien recién convertido y otra persona con muchos años sirviendo al Señor, ambos son por posición santos, como describimos en el primer punto, pero se espera que quien tiene más tiempo en el Evangelio haya logrado avanzar más en su santificación y en el abandono de ciertas prácticas de su vieja vida, con la meta de ser cada día más como Cristo.

Hagamos el ejercicio de mirar nuestras vidas año tras año y de evaluar cómo hemos crecido en nuestra conducta y carácter y que si no vemos avances vengamos a Dios en dependencia de Él para que nos ayude. No es con nuestras propias fuerzas, sino con las Suyas, no es para vanagloriarnos sino para mostrar a Cristo y para que Su nombre sea glorificado.

Filipenses 3:13-14 (LBLA)

Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”

Escrito por

Sierva de Cristo y esposa de Julián Musa. Amante de la Palabra de Dios y de adorarle a través del canto. Licenciada en Administración de Empresas de profesión y colaboradora en el ministerio de Compassion International en República Dominicana.

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