Somos cartas leídas

La palabra testimonio tiene varias connotaciones que aluden a lo mismo. Es sinónimo de testiguar, demostrar o evidenciar la veracidad de algo.

Para hablar de testimonio necesitamos saber qué cosa queremos demostrar, de qué verdad somos testigos y como evidenciar esa verdad, y para nosotras la verdad es una persona: Jesús.

Jesús vino a dar testimonio de lo que había visto del Padre, Juan 3:11, es El Testigo por excelencia de las cosas celestiales, da testimonio de la verdad Juan 18:37 y  de Si mismo Juan 8:14.

Nuestro testimonio, más que a nosotras, evidencia a Jesús, debemos procurar ser dignas en nuestra forma de vivir, Él es la verdad que procuramos, en Él está la vida y el testimonio verdadero.

1 Juan 5:11: Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en Su Hijo.  No podemos testificar de algo que no conocemos, nuestro testimonio es Jesús y la forma de hablar de manera correcta sobre El, es conociéndole, evidenciar Sus obras para que los demás glorifiquen al Padre. Mateo 5:16: Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

¿Para quién es nuestro testimonio?

Está de moda decir que no importa lo que hagas, si estás de acuerdo contigo mismo, los demás no importan. Se promociona un amor propio que nada tiene que ver con las demás personas, egocéntrico y centrado en un testimonio propio. ¿Podemos vivir no importando lo que piensen los demás? Entonces, ¿qué sentido tendría dar a conocer el testimonio de Cristo? Y si somos el reflejo de Jesús y Su testimonio en la tierra ¿Estamos andando dignamente y cuidamos la percepción de Jesús que puedan tener los demás por nuestras acciones? De no ser así nos convertiríamos en falsos testigos.

1 Juan 4:20 Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Damos testimonio de nuestra relación con Dios cuando el amor a nuestros hermanos es evidente, no podemos dar testimonio de Dios sin que nos importen los demás.

Gálatas 2:20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Decidimos renunciar a nuestras vidas para dar testimonio de Cristo, es decir, no estamos viviendo nuestras propias vidas, sino la de Cristo! Así que cuidemos el testimonio de Dios. Tener cuidado con nuestras acciones con relación a los demás, vivir para Dios implica vivir también para bendecir con nuestro caminar.

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Esta idea contradice la independencia en la que el mundo quiere vivir,  recordemos que representamos a nuestro Padre y para nosotras es importante que Su testimonio sea motivo de adoración para otros, ser buenas administradoras de Su Gracia, en cuanto de nosotras dependa.

¿Qué necesitamos para tener un buen testimonio ante los demás?

1 Corintios 2:1-5: Así que, hermanos, cuando fui a vosotros, para anunciaron el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de  sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad y mucho temor y temblor; Y ni mi palabra, ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder. Para que nuestra fe no este fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el Poder de Dios.

Nuestro testimonio está fundamentado en el Poder de Dios, no necesitamos persuadir a las personas acerca de nosotras mismas porque damos testimonio de Dios. Predicamos a Jesucristo. Su Cruz es el centro de nuestras vidas.

Cuando otros vean nuestra imagen, verán cosas imperfectas, no moldeadas y de mal parecer, tenemos temores, miedos que quizás no hemos superado,  esto hace que nuestro testimonio sea imperfecto, no obstante, si procuramos reflejar a Cristo y Su vida, la iglesia de Dios estará bien guiada a la imagen perfecta de Su Hijo. La imagen correcta es la de Jesús crucificado.

Que nuestro empeño sea dar a conocer la imagen de Dios en nosotras para que otros le glorifiquen.

Escrito por: Meiby Reyes

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