El canto de María a su Salvador

Es una lástima que, por la veneración pecaminosa que algunos tienen por María, se haya producido en muchos un rechazo hacia ella y una falta de reconocimiento de su carácter. Su valor de aceptar la voluntad de Dios a pesar de las circunstancias y su obediencia inmediata son cosas que me impresionan y, sinceramente, me retan.

María era una mera adolescente; se estima que tenía entre 12-14 años cuando el ángel Gabriel se le apareció, pues esta era la edad en que las mujeres se comprometían en la época. Uno pudiera pensar que por su corta edad e inocencia ella no entendía bien las consecuencias, y afirmó a la petición de Dios sin pensar. Sin embargo, su oración en Lucas 1:46-55 expone el corazón de la joven, y nos demuestra precisamente lo contrario:

“Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la humilde condición de esta su sierva; pues he aquí, desde ahora en adelante todas las generaciones me tendrán por bienaventurada. Porque grandes cosas me ha hecho el Poderoso; y santo es su nombre. Y DE GENERACION EN GENERACION ES SU MISERICORDIA PARA LOS QUE LE TEMEN. Ha hecho proezas con su brazo; ha esparcido a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. Ha quitado a los poderosos de sus tronos; y ha exaltado a los humildes; A LOS HAMBRIENTOS HA COLMADO DE BIENES y ha despedido a los ricos con las manos vacías. Ha ayudado a Israel, su siervo, para recuerdo de su misericordia tal como dijo a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre”.

María alabó a Dios con un canto lleno de esperanza mesiánica y saturado de las Escrituras. Como una mujer madura en la fe, hace referencia al pacto de Abraham.

Su respuesta llena de los Salmos, la Ley, los Profetas, y parecida a la respuesta de Ana cuando entregó a Samuel al Señor (1 Samuel 2), nos deja ver que María conocía muy bien las Escrituras. ¡Qué bendición es cuando lo que sale de tu boca espontáneamente es gratitud con las palabras de la misma Escritura! Ella era un ejemplo viviente de lo que Salmos 138:6 nos enseña: “Porque el SEÑOR es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo conoce de lejos”.

UN CANTO A SU SALVADOR

La oración entera de María está enfocada en Dios, su grandeza, su gloria, el poder de su brazo, y su fidelidad no solo al pueblo judío o a ella, sino para las generaciones futuras también. Todo esto demostrando una estrecha relación con su Dios y Salvador.

Algunas cosas que podemos aprender del canto de María:

– María estaba llena de gozo; no por las posesiones que había recibido, sino porque su Salvador y Señor la conocía (vv. 46-47).

 María reconocía su condición humilde frente a un Dios grande. Ella reconocía que no había nada en ella para que el Señor la usara; que la fama pertenecía a Dios. Ella también reconocía que todo lo que Él hacía era por su santidad; María sabía que Su nombre era Santo porque su naturaleza es santa (vv. 48-49).

– María reconoció que la fidelidad de Dios no era solamente para ella, ¡sino que era para siempre! Un Dios que nunca cambia será fiel por la eternidad (v. 50).

– María sabía que los pensamientos de Dios no son los del hombre. El Señor no evalúa como el hombre evalúa (Isaías 55:8). El patrón del mundo es glorificar el poder, la fama, y el estatus, pero el patrón de Dios es lo contrario (vv. 51-53). Como escribe Wright, “El mismo Hijo que ella llevaba en su matriz en ese momento, un día triunfaría sobre esta cosmovisión. En la cruz, Cristo gana perdiendo, triunfa con la derrota, adquiere poder a través de la debilidad y el servicio y llega a la riqueza regalando todo”.¹

– María confiaba en el Señor. Ella termina su oración como cualquiera judía piadosa, recordando la fidelidad de Dios por las promesas cumplidas en el pasado y con la seguridad en que Él cumpliría lo que faltaba (vv. 54-55).

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UN EJEMPLO DE HUMILDAD

El ejemplo de humildad de María nos demuestra la verdad que encontramos en Santiago 4:10: “Humíllense en la presencia del Señor y El los exaltará”. María era una persona extraordinaria porque servía a un Dios extraordinario; Él la usó de forma extraordinaria, mostrando que al corazón contrito y humillado, Dios nunca desprecia.

Como cristianas debemos recordar que “Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte; y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para anular lo que es; para que nadie se jacte delante de Dios” (1 Corintios 1:27-29).

Mi oración es que dediquemos esta Navidad, el año nuevo, y el tiempo que nos quede por vivir, para adorar a nuestro Dios en espíritu y verdad; vivamos de forma que le traiga honra a Él y de la manera que a Él le agrada. Elevemos cantos y vidas de adoración como María, imitando a Cristo, el autor y consumador de nuestra fe.


[1] N. T. WRIGHT. “SIMPLY CHRISTIAN”. HARPER COLLINS 2006.

Escrito porCatherine Scheraldi de Núñez

Publicado en: Coalición por el Evangelio TGC

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