¿Le importa a Dios como me visto?

¡Chicas! nuestra vestimenta y apariencia, es algo muy poderoso. Es una de las maneras más importante que tenemos como mujeres para comunicarnos y enviar un mensaje acerca de nuestros corazones, nuestros valores y aquello que creemos.

Así que aquí la pregunta: ¿Qué es lo que tu vestimenta y tu apariencia dicen acerca de ti?

Las jóvenes de hoy en día están mandando un mensaje, y muchas de ellas saben exactamente qué mensaje están mandando, pero algunas son simples e ingenuas. No se dan cuenta de lo que están diciendo. Han sido tan influenciadas en esta cultura; que no conocen otra manera de pensar acerca de la vestimenta.

Muchas están jugando con fuego en la manera en cómo visten. Vestirse como una chica fácil dice al mundo: ¡Mírame! ¡Deséame!

¿El mensaje que estás mandando es consistente con lo que realmente crees?” o ¿estás mandando un mensaje confuso? ¿Estás pensando una cosa y teniendo un tipo de corazón pero  mandando otro mensaje con tu cuerpo, tu vestimenta, tu apariencia externa, un mensaje que a lo mejor no tienes la intención de enviar?

Me encuentro hoy en día con muchas mujeres que tienen un corazón para el Señor, y pueden estar sentadas en la iglesia, levantando sus manos durante el tiempo de adoración y disfrutando al Señor y activas en el ministerio, pero son totalmente ajenas, sin darse cuenta al mensaje que están mandando con su cuerpo, con su vestimenta. Su vestimenta está comunicando algo diferente de lo que hay en su corazón.

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¿De quién fue la idea de ponernos ropa en primer lugar? ¿Realmente importa  a Dios la ropa? Para conseguir las respuestas, tenemos que regresar al manual de la vida, el manual que nos dice quiénes somos, y el porqué estamos aquí, por qué fuimos hechos, y cómo funciona la vida. Ese manual es la Palabra de Dios.

Ve a Génesis 2:25, mira qué dice justo en el momento en que el hombre y la mujer se unieron, “Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban”.

Primera fase

Aquí está la primera fase de todo el desarrollo de la vestimenta. La primera etapa es: No había vestimenta. Y no había vergüenza. No tenía nada de malo. Esta desnudez también sugiere que eran sin pecado. Estaban una condición sin pecado, así que no había culpa. Nunca habían probado la maldad. No la conocían, así que la desnudez antes de la caída era inocente.

Y en el capítulo 3, cuando ambos desobedecen a Dios ¿qué es lo que próximo que pasa? En el versículo 7 dice: “Entonces fueron abiertos los ojos de ambos”.

Sus ojos fueron abiertos para experimentar por primera vez la maldad y la vergüenza. Sus conciencias fueron despertadas brutalmente porque fueron en contra de la Palabra de Dios. Después dice, que “conocieron”. Ahora la palabra en el lenguaje original no significa que se dieron cuenta poco a poco, que fue algo gradual. Es una palabra que significa de repente, inmediatamente. Tuvieron percepción instantánea. De repente se miraron, y se dieron cuenta, “¡estamos desnudos!”.

Segunda fase

Todavía no hay ropa, pero ahora hay vergüenza; hay culpa; hay bochorno.

En ocasiones cuando estás en tu cuarto y alguien por accidente entra y tú no estás completamente vestida, ¿cuál es tu reacción inmediata? Avergonzada. Así es como Adán y Eva estaban. La primera cosa que aprendieron después de haber comido del árbol de la vida, del bien y del mal era que estaban desnudos, y ahora estaban avergonzados.

Tercera fase

En la tercera etapa el hombre tiene un plan. Lo primero que aprendieron fue que estaban desnudos y  primero que hicieron después de pecar fue hacerse ropa.

El versículo 7 dice, “y cosieron hojas de higuera”.  Hace poco alguien me dijo que las hojas de higuera tenían la textura de papel para lijar #2, es áspero y duro aparentemente. “Y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales”. Lo primero que hicieron fue tratar con su vergüenza y su culpa al cubrir su desnudez.

La palabra delantal puede también traducirse como taparrabos, Se trata de “un cinturón para la cintura”, dice un léxico. Lo que Adán y Eva hicieron fue para cubrir sus partes privadas. Ese era el plan del hombre, y era el plan del hombre sin Dios. Lo hicieron ellos mismos. No le preguntaron a Dios, ¿qué debemos hacer acerca de este problema?”, ellos hicieron su propio plan.  Ellos trataron de resolverlo solos y dijeron, “vamos hacernos unos delantales”. Así que  de esa manera cubrieron sus partes íntimas.

Sin embargo, al ir viendo el pasaje, nos damos cuenta que aparentemente aún cuando Adán y Eva se dieran cuanta que esas hojas de higuera no eran adecuadas para cubrirlos, porque cuando llegamos a versículos 8, 9, y 10,  aún siguen avergonzados. Ellos seguían con miedo.

“Y oyeron al SEÑOR Dios que se paseaba en el huerto al fresco del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia del SEÑOR Dios entre los árboles del huerto”. (Vrs. 8)

Es como cuando alguien entra a tu cuarto, y no estás totalmente vestida, e inmediatamente lo que quieres hacer es cubrirte con algo, diciendo, “quiero cubrirme”. Eso es lo que hicieron Adán y Eva por instinto.

Estaban avergonzados. Tenían miedo. Se empezaron a esconder, pero “Y el SEÑOR Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás? Y él respondió: Te oí en el huerto, y tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí”.

La desnudez fue la primera preocupación de Adán y Eva parece ser que no fue la primera preocupación de Dios. ¿Y sabes por qué? Porque no era lo más importante. Ahora, vemos que Dios sí se preocupó por el problema de la vestimenta, e hizo algo al respecto, pero no era lo primero que le preocupaba a Dios.

Más bien, Dios estaba preocupado por la relación que había sido quebrantada. “¿Dónde estás? ¿Qué es lo que has hecho?”, Él estaba preocupado por el hecho de que habían desobedecido Su Palabra y habían roto lo que les había mandado. Dios les dice en versículo 11, “¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del cual te mandé que no comieras?”. Dios dijo, no vamos primero a tratar tu desnudez sino tu relación quebrantada, y después trataremos la desnudez”.

Así que tenemos en el resto del capítulo 3 a Dios hablando con Adán, Eva y la serpiente acerca de las consecuencias de su desobediencia, acerca de la maldición que vendría sobre  la tierra y sobre  la serpiente. Él da una maravillosa promesa de que el Mesías vendría, un Salvador, aquel que nos redimirá de la caída. Dios empieza con el Evangelio, no con su vestimenta, pero la vestimenta no debe ser ignorada.

Al llegar al final del capítulo 3, o al casi final del intercambio de Dios con Adán y Eva. En el versículo 21, después de que han tenido esa conversación, Dios dice: “haré una provisión para ustedes”. El versículo 21 dice: “Y el SEÑOR Dios…” y es como si estuviese diciendo: “Muy bien, ahora vamos a ver esto de la vestimenta”, “Y el SEÑOR Dios hizo vestiduras de piel para Adán y su mujer, y los vistió”.

Dios hizo prendas de pieles. Esta es la provisión de Dios. Dios está diciendo, “Mira, no puedes resolver el problema del pecado por ti mismo. Lo necesitas hacer a mi manera, tu plan no funcionará. Ustedes hicieron estos delantales de hoja de higuera, pero yo les haré una provisión”.

Después Dios los vistió. Esa palabra en Hebreo significa “envolver, poner un vestido, o vestir a alguien: Adán y Eva cubrieron sus partes íntimas, pero ¿qué fue lo que Dios cubrió? Sus cuerpos. Dios dijo que no era suficiente cubrir solo las partes privadas. Ahora que habían pecado, sus cuerpos tendrían que ser cubiertos.

¿Cuál fue el punto?

Claro, el punto principal de este pasaje es apuntar a Cristo… Él sería el Cordero de Dios que sería muerto por nosotros y podríamos ser cubiertas en su justicia. La obra de gracia de Dios que requiere un sacrificio.

Creo que también hay una aplicación y se relaciona con todo el asunto de la vestimenta. Típicamente, las culturas que están basadas en principios piadosos cubren el cuerpo. El mundo tiene su propia idea de la vestimenta, y usualmente la idea es descubrir el cuerpo, descubrir muslos, pecho, ombligo y espalda. “Solo quítatelo” esa es la idea del mundo. Pero una joven piadosa es contra-cultural. Está dispuesta a ir en contra de lo que es común y decir, “Miren. Estas hojas de higuera no son suficientes. Ese es el plan de los hombres. No es el plan de Dios”.

Y es nuestra oración que tú puedas estar dispuesta a abrazar el plan de Dios y aceptar su provisión. ¿Sábes por qué? Porque todo lo que proviene de Él es bueno.

*Publicación adaptada del programa: “Prendas Piadosas”

Escrito porNancy DeMoss Wolgemuth

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones / Joven Verdadera Blog 

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