Cultivando el amor por la vida hogareña

que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada. Tito 2:4-5 LBLA (Énfasis añadido)

La versión de la Reina Valera 1960 traduce la palabra hacendosa como cuidadosa y la Nueva Traducción Viviente como trabajar, en sentido general el apóstol Pablo está dando una instrucción clara acerca de la responsabilidad que tenemos como mujeres del cuidado de nuestro hogar.

El Señor nos creó con una inclinación hacia la domesticidad, es Su voluntad que nosotras estemos al pendiente del correcto funcionamiento de nuestra casa y su organización, El valora nuestro amor por la vida hogareña, pero, al igual que Eva hemos sido engañadas, se nos ha presentado la idea de que actuando de manera contraria a la instrucción de Dios seremos mejores y hemos saboreado la mentira de que el oficio domestico no tiene propósito alguno y limita nuestro potencial.

Patricia Mainardi una profesora pionera para el estudio de la mujer lo expreso de la siguiente manera:

El trabajo doméstico es: “un trabajo monótono y repetitivo que no tiene por objetivo ningún logro duradero ni mucho menos de importancia”.

Ann Oakley una Socióloga, feminista, escritora y profesora de la universidad de Londres cita:

“El trabajo doméstico es un trabajo que se opone directamente a la posibilidad de la autorrealización humana”.

Esta es la premisa bajo la cual la mujer de hoy en día vive, es la idea que ha promocionado la liberación femenina, sin embargo, como cristianas nuestro pensamiento debe ser muy distinto a este, nuestra fuente de autoridad y verdad es la Santa Palabra de Dios escrita, y nosotras estamos llamadas a obedecer los mandamientos y estatutos de Dios allí descrito.

Una verdadera creyente que tiene el corazón rebosado de la palabra de Dios, entiende que la ley del Señor es perfecta, que Sus preceptos son rectos y Su mandamiento es puro, y están escrito para nuestro bien, es tiempo de que nosotras nos acerquemos a las escrituras con un corazón abierto y enseñable y que pidamos a Dios nos permita ver las maravillosas verdades que se encuentran en ella, la Biblia no se trata de nosotras, se trata del Creador del universo y toda ella nos conduce a un propósito eterno.

¿En algún momento te has preguntado cual es el propósito que encierra esta instrucción? ¿Por qué debemos ser cuidadosa de nuestro hogar? ¿Por qué Dios nos ha confiado el rol de ama de casa?

Es una verdad que va mucho más allá de barrer, fregar o cocinar, contrario a la creencia de Patricia Mainardi y muchas otras mujeres, el trabajo doméstico si tiene un propósito eterno:

En el capítulo 14 del evangelio de Juan se desarrolla una escena en el Aposento Alto antes del arresto de Jesús, en su discurso de despedida Él les dice a los 11 discípulos allí presentes:

En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros. (v.2) (Énfasis añadido)

Jesús le estaba diciendo a Sus discípulos que Su partida seria para nuestra conveniencia, Él se fue a prepararnos un lugar en nuestro hogar celeste, un espacio donde no hay dolor, ni tristeza, un lugar más allá del sol donde solo hay gozo y paz. Jesús esta ordenando nuestra morada celestial, El, la está acondicionando para nuestra llegada.

El Señor desea que nuestro hogar aquí en la tierra sea una imagen del cielo, que nosotras nos ocupemos de ordenar un espacio que brinde paz, armonía, tranquilidad, amor, gozo; Él quiere que creemos un lugar donde todos los integrantes de la familia anhelen llegar al finalizar su jornada de trabajo y puedan descansar, que sea un ambiente adecuado para la crianza de los hijos, para ministrar sus corazones y hacer discípulos; Es Su voluntad que nosotras hagamos de nuestro hogar un entorno propicio y acogedor para nuestros amigos que nos visitan, donde ellos puedan sentirse amados y valorados e incluso puedan ver a Cristo reflejado.

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Mientras nosotras continuemos viendo el trabajo del hogar como una carga, denigrante y sin mérito alguno, no veremos lo impresionante de esta instrucción, que tiene una enseñanza trascendente en el tiempo. Es tiempo de iniciar a cumplir con amor esta gran responsabilidad que el Señor nos encomendó, ofrece a tu familia un anticipo del cielo de manera que ellos puedan anhelarlo y atesorarlo cada día más.

Independientemente de tu ocupación actual, tengas tu propia casa o vivas con tus padres, edad o estado civil, cultiva amor por la domesticidad, procura ministrar a otros a través del servicio en el hogar, esfuérzate en mostrar a Cristo por medio del trabajo doméstico. Has de tu casa un lugar donde todos anhelen estar, pero sobre todo donde el Señor sea glorificado.

No permitas que la sociedad y la cultura empañen tu visión de lo que es verdaderamente valioso, importante y eterno.

 

 

Escrito por

Salva por gracia. Esposa de Josaphat Moreno. Colabora en El Atelier como escritora y editora de contenido. Ama trabajar con adolescentes y jóvenes compartiendo el mensaje de la verdadera feminidad, sexualidad, belleza e identidad en Cristo. ​​​​​​​

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