¡Llego el tiempo de dar!

Desde pequeña Dios me dio la oportunidad de pertenecer a un centro de Compassion, esta es una institución cristiana sin fines de lucro que trabaja con niños de escasos recursos por medio de patrocinio internacional, la misma tiene presencia en la mayoría de los países pobres del mundo.

Los niños que forman parte de esta organización tienen un patrocinador quien hace un aporte económico y el niño lo recibe en diferentes beneficios. Mientras estuve dentro del programa aprendí manualidades, cocina, informática, música, locución y fotografía. ¡Una gran bendición!

Recuerdo la primera vez que entré al salón de clases, apenas tenía 6 años de edad.  Estaba tan feliz, tenía amigos nuevos, maestras super divertidas y creativas, un hermoso lugar donde debía asistir todos los días y una gran oportunidad para aprender más acerca de la persona de Jesús. De hecho, fue en este centro donde por la misericordia de Dios, El me llamo a Sus caminos a la edad de 9 años.

Cuando pienso en esta historia y miro a mi alrededor, me es imposible no dar gracias a Dios por tanta gracia, por todo lo que me ha dado, cuan bondadoso es nuestro Padre Celestial que nos llena de tantos favores inmerecidos. Y así como el Señor nos da a nosotras, debemos tener un corazón dispuesto a dar a los demás, esto también refleja una actitud de agradecimiento.

Ustedes serán enriquecidos en todo sentido para que en toda ocasión puedan ser generosos, y para que por medio de nosotros la generosidad de ustedes resulte en acciones de gracias a Dios. 2 corintios 9:11 (NVI)

Aún conservo en mi memoria ese momento cuando la directora del centro me dijo: “llegó el tiempo de dar.” Con esa frase ella me solicita cubrir unas vacaciones a una maestra de niños entre 6 y 8 años. No sabía que decir solo tenía 15 años y nunca había enseñado nada. Ella veía algo en mí que yo no lograba ver, solo dije: no sé como hacerlo, pero haré el intento.

Ya son 7 años que Dios me ha permitido ser maestra de más de 100 niños. Mientras conocía sus historias, pasaba tiempo con ellos, preparando cada clase, no salía de mi mente esa frase: es tiempo de dar.

¿En algún momento te has detenido a pensar en lo bendecida que eres? ¿En todo lo que El Señor te ha dado? ¿Estás tú dando a los demás? A veces nosotras nos preocupamos más por recibir y acumular, y nos convertimos en cisternas llenas de aguas estancadas, pero la Palabra de Dios nos motiva a ser generosas, a ser como fuentes de aguas naturales que fluyen y corren. Y a hacerlo con alegría. (2 Cor. 9:7)

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Todas nosotras hemos sido bendecidas en gran manera, y no solo me refiero a bendiciones materiales, aunque esas son añadiduras que las da el Señor (Mat. 6:33), pero de alguna manera todas tenemos las manos llenas para dar, para ayudar a los necesitados, para mostrar hospitalidad, guiar, instruir, visitar y orar por los enfermos, tener memorias de los envejecientes de nuestra congregación y comunidad y acompañarlos, al igual con las viudas y los niños.

Te invito a meditar en las tantas necesidades que hay en tu iglesia local, comunidad  y cualquier  otro lugar, analiza y veras que tienes una gran oportunidad  de compartir con otros de las tantas cosas que Dios te ha dado.

Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, curen a los leprosos y expulsen a los demonios. Den tan gratuitamente como han recibido. Mateo 10:8 (NTV)

Escrito por: Lilly Abigail Siprian

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